Ramiro. (León, 9 – I – 1905 / Madrid, 12 – III – 1965) Linotipista en el periódico “La Mañana”. Militó en el Partido Comunista de España. También fue sindicalista. Desterrado de León tras la Guerra Civil por su militancia sindical y negarse a cantar el Himno de la dictadura «Cara al sol», trasladándose a Madrid.

Estuvo condenado a muerte, solamente por sus ideas, sin haber participado en ningún acto de violencia. Prisionero en la cárcel de san Marcos el año 1936.
Salió tras unos meses de «hospedarse» allá, por influencia de su hermano mayor, José, que como abogado evitó que le dieran el «paseillo». Pero la condena fue durante varios años una espada de Damocles que tuvo encima.

Durante su estancia en la cárcel hizo, pues era una labor de los presos, un plumín forrado con hilos, que pensó dejar de recuerdo: Ramiro Pinto M. – A su esposa e hijos – San Marcos, 1936.



Absuelto de la pena de muerte el 1944, tal como indica el edicto del 21 de junio de aquel mismo año. Lo firma el Exm. Sr. Capitán General de la Primera Región Militar, que da la condena como sobreseída y sin responsabilidad. Noticia que aparece, la de todos los afectados, en el periódico «La Mañana» un día después.

En los archivos de la Memoria Histórica se recoge el expediente del Tribunal Militar Territorial 1 | Serie: Sumarisimos | Madrid | Referencia: Sumario 117991, Legajo 5441, referido al proceso de encarcelamiento que sufrió y la condena a la pena de muerte que no se ejecutó.


En junio de 2024, haciendo el recorrido de la Ruta Pinto, en León, una pasara obligada
fue en el Hostal de san Marcos que fue la cárcel / campo de concentración, donde fueron recluidos los que no estaban a favor del golpe de Estado. El nieto de su tocayo, Ramiro, junto a Amaia, nieta de Vicente, rindieron homenaje a sus respectivos abuelos, presos allá, donde se recuerda aquello.
Al quedarse sin trabajo se tuvo que ir a Madrid. No pudo volver a trabajar en el periódico. De éste salía por la mañana muy temprano. Los sábados y domingos le iba a buscar su hijo, tocayo suyo, para comer churros cerca de donde trabajaba. Tenía fama de ser muy hábil en colocar las letras y dominar la ortografía. En aquellos tiempos hubo censura y cuando la dictadura de Primo de Rivera, el capitán Lozano iba a recoger un ejemplar para ver antes de que saliera a la calle si podía venderse. Ramiro llevó a su hijo con dos años y el capitán Lozano se hizo una foto con él en brazos.
Un hombre de gran cultura, dicen quienes le conocieron. Su hijo decía que leía hasta las etiquetas de los productos. Se empapa a con la lectura del periódico «Madrid», que empezó siendo franquista, año 1939 , pero luego fue independiente, hasta el punto de tener que cerrar el año 1971 por pleitos con las autoridades.
Tuvo que dedicarse al estraperlo, con su esposa: «Actividad ilegal que consiste en comerciar con artículos intervenidos por el Estado o sujetos a tasa; Se aplicó especialmente al comercio de productos racionados posterior a la Guerra Civil Española«. Iban a Fresno de la Vega – León. En la cárcel conoció al señor Miguel Bodega, de este pueblo. Entablaron una gran amistad. De pequeños mi padre nos llevó a verle casi todos los veranos. Cuando murió seguimos yendo a visitar a sus hijos, especialmente a Raquel, casada con el mecánico del pueblo, Ignacio. Se dedicaba a la caza. Su hijo Francisco tenía varias deformidades en las manos, pero trabajó en el cultivo de los pimientos. Un hijo del señor Miguel fue alcalde del pueblo por el Partido Popular, José Ramón Bodega.
La palabra «estraperlo» viene del nombre de una ruleta eléctrica formado por las iniciales de tres empresarios holandeses: Estrauss, Perel y Lowann. El año 1943 quisieron sobornar al gobierno de España para colocarla en los casinos de San Sebastián y de Mallorca. Estaba trucada, de manera que apretando un botón se paraba donde quisiera la banca: «Negocio realizado con fraude.»

por un golpe que se dio de joven.
A los 28 años tuvo un juicio, según aparece el el Boletín Oficial de España (BOE), que costaba 25 céntimos de peseta, el 8 de junio de 1933. Por una protesta que hizo la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) contra el gobierno, aplicando contra él la ley de Asociación y represión contra obreros por rebeldía, acusado del grito subversivo «¡viva el comunismo libertario!» y haber participado en la huelga convocada durante dos días, por ser ilegal y sediciosos sus fines. Se culpó a la Asociación además de señalar indicios de criminalidad a varios obreros, entre ellos Ramiro Pinto Maestro.

El 7 de abril de 1937 Vicente Pinto, recibe la carta de un camarada en la que informa que un hermano de quien escribe, Tomás López, ha sido hecho prisionero
junto con Ramiro Pinto, y piensa que les habrán asesinado. No fue así.
Habla de los «contrastes familiares», al haber otros que son «falangistas.»
No es así, pero sí del bando nacional.
La tía Lola contaba que le gustaba ir a las fiestas y volver alegrete a casa. Sabían que llegaba porque lo hacía gritando «¡Viva Felipe el Hermoso!» Una prima de mi padre, Pachi cuenta que cantaba con mucha gracia: «¿La cucaracha dónde está? / ¿Adónde habrá ido a parar? / ¡Se fue con el cucaracho!». Lola también contaba de mi abuelo que tenía amigos muy especiales, alocados, «¡como los tuyos!», que ella llamaba: «Aldoba, Geroba y el palo de la escoba», queriendo decir que no hacen nada de provecho. «Y luego son los que se meten en política», decía.
Murió cuando yo, su nieto y tocayo, tenía cuatro años. Lo único que recuerdo de él, de manera muy difusa, es al salir de su casa de Madrid que sacaba unas monedas, calderilla, de un monedero muy grande y me decía que era para mí, que me lo gastara en lo que quisiera.
Se casó con Marucha (María Díez Millán), en León (20 – IX – 1928), en la iglesia Santa María de la Regla. Tuvieron dos hijos en esta ciudad: Ramiro, médico pediatra, y María Luisa, comadrona.

y tantos años después, cuando era lo habitual en aquellos años casarse al quedar embarazada la novia.
En León no encontró trabajo y al acabarse la posibilidad del estraperlo se fueron a Madrid, donde no pudo ejercer ningún empleo y menos en lo suyo. Hubiera podido continuar trabajando en el Diario de León si se hubiera afiliado al Movimiento, pero se negó. Es curioso que demócratas de toda la vida habían seguido escribiendo y otros en labores de linotipistas y otras en el periódico. Gracias a un amigo le colocaron en Renfe en Madrid, pero de atención en la estación, la limpieza. Marucha era modista, decían que cosía como los ángeles. Hacía la ropa a sus hijos y, de vez en cuando, algún encargo.

Muchos periodistas se pusieron cuando la transición medallas de haber luchado por la libertad en tiempos difíciles, pero lo disimularon muy bien. Ramiro llevó con orgullo su decisión, pues no renegó de sus ideas. Sí de quienes dirigieron su partido que se fueron sin haber ayudado al resto. Le decía a mi padre que se buscase las habichuelas por sí mismo, que nadie le iba a echar una mano. Que los políticos hablan, pero no hacen nada. Que tanto los de un lado como los del otro van a lo suyo. Acabó muy desencantado. Mi padre decía que su padre llegó a la conclusión de que en política todo es una gran mentira. Y también recordaba lo que nos pudiera servir como aviso a navegantes, expresión ésta que también le recordaba a su padre. Y que decía «tan valiente se es con las manos, como con los pies». También que, «como decía Napoleón: Una retirada a tiempo es una victoria». Y su consejo final: «Cuídate a ti mismo, que nadie lo hará por ti».

Vivieron en el barrio de Argüelles de Madrid. Tuvieron allá una vecina con la que convivieron mucho y que siguieron visitando a Ramiro hijo (mi padre) en Navidad y en verano: Eufemia. Iba con sus dos hijos, Charito y Carlitos. Éste padecía diabetes y murió joven. La hija ha seguido yendo a ver a mi madre hasta el día de hoy. Son de esas vecinas amigas que son como de la familia.

Cuando murieron los padres, Ramiro y Marucha, cada hijo, Luisa y Ramirín, se llevaron uno cada cual.
Al cabo del tiempo Luisa le regaló a su hermano rel plato para que estuvieran juntos, y así lo están en la casa
de los Pinto Cañón de la calle Alcalá. Al deshacerse la casa continuará su historia.
El último año de la guerra Ramiro y Marucha se fueron con su hija Luisa a vivir a Valladolid. Luego fueron a vivir a Toledo finalizada la guerra. Pasado un año a Madrid, a la calle Galileo y luego a la calle Benito Gutiérrez, una casa con los cristales de las ventanas rotos. Ramirín se quedó con su abuelo Cristiano, hasta volver a juntarse todos en Madrid en esta casa de Arguelles.

El 10 de octubre del año 1952, aparece en el BOE, que el juez de Instrucción Nº 2 citó a los perjudicados por el vuelco del camión de la Agencia «La Céltica». Hay un acceso incidental de pobreza por el juez de 1ª Instancia, accesorio a la cuestión principal en el que Ramiro Pinto Maestro pidió ser declarado pobre para poder litigar contra la compañía, y que de esta manera no tuviera que afrontar unos gastos que no podía asumir económicamente. Se dice de estar en paradero desconocido. Fue por vivir en Madrid, pues le enviaron la instancia a su casa de León.

Por aquella época se debatía en León sobre la obra de Gaudí en esta ciudad (Casa Botines o Palacio de Gaudí) y en Astorga (Palacio Episcopal) al celebrarse el centenario de la muerte del arquitecto catalán. De tres obras que realizó fuera de su tierra natal, dos León en la provincia de León. La tercera es El Capricho en Comillas – Cantabria.


Marucha año 1959.

De mi abuela Marucha no tengo ningún recuerdo. Me doy cuenta de lo poco que sé de ellos, por referencias oídas de paso. Que a mi abuelo le gusta el vino blanco. Lo que he contado y poco más. Mi padre decía una palabra, que recordaba de su padre: «Virujis«, para indicar un día desapacible, con vientecillo fresco.

De esta abuela me contó su hermana pequeña, Lucy, que le dijo que se preparara en algo y que se buscase la vida por ella misma, porque trabajaba en una mercería de otra hermana, Araceli, que con una hija, no daba la tienda para las dos. Es lo que le animó a viajar a Inglaterra. Se preparó en enfermería y trabajó en el Hospital de León, «gracias a mi hermana Marucha», recalca.

A los cuatro les gustaba mucho disfrazarse en los carnavales, cuando se pudo hacer. Marucha cosía muy bien. Ganó algo de dinero con esta labor, pues hacía vestidos y sus dos hijos siempre fueron muy elegantes. También que si se enfadaba era de armas tomar. Era de la raza de El Egido.

Lo que más he oído contar de ellos es que murieron muy jóvenes.

Mi padre siempre llevó puesta la corbata de color negro en un luto permanente. Eran muy buenas personas, he oído decir reiteradas veces y que ellos y sus dos hijos eran como una piña, que se adoraban.

Sin embargo pasó luego algo inexplicable entre mi padre y su hermana, que se dejaron de hablar durante casi treinta años. Sus primas no lo pudieron entender nunca.






Cartas de Ramiro y Marucha, que escriben a su hijo (tocayo) y preguntan por la «diablillo», su nieta Loly. Dos letras muy diferentes la de cada uno. Marucha escribe encima de la de Ramiro al comienzo, para dar recuerdos. Sobre su estancia en Fresno de la Vega, de donde era el señor Miguel, al que conoció en la cárcel de San Marcos. Poco más de un mes nacería el nieto Miry, también tocayo, por eso preguntan por Lolita. Curiosidades de familia y de la época.
Ramiro, mi abuelo, padecía de bronquios. Se había resfriado y Marucha fue a la farmacia por la tarde, a por un medicamento. Al volver tosía mucho, le dolió un poco la cabeza y se acostó. A la mañana siguiente no despertó.

A la semana murió mi abuelo Ramiro de pena. No quiso comer, ni hacer nada. Le atendió un colega de mi padre que era psiquiatra, Pelaez. Luego nos atendería a mí y a dos hermanos más. Murió de pena, se lamentaba la tia Lola. Contaba también que ella no habían desecho las maletas de volver de Madrid, cuando recibió la noticia del fallecimiento de su hermano. Ambos fueron enterrados en el cementerio de La Almudena. Fueron dos los hermanos de la tía Lola que padecieron la misma causa mortal. Y añadía: «dicen que el corazón no duele pero sí, más que cualquier otro dolor».



Marucha, hija de Agustín Díez Millán y Lorenza Millán Fernández, que tuvieron nueve hijos: María (Marucha), Araceli, Librada, Lucio, Martín, Juan (Juanín), Agustín, Isidoro y Luz (Lucy)
Agustín Díez Millán (padre): Vivió en El Egido, actualmente un barrio de León, que anteriormente fue un pueblo. Nadie conoció a familiares suyos, ni padres, hermanos, ni primos. Su hija pequeña piensa que fue hospiciano. De hecho su hija pequeña y nietas dicen que sus apellidos son Díez Millán, y en el papel oficial en el que aparece es con los indicados. Es decir el de sus hijos. No cabe duda, porque en el BOE del 24 de abril de 1944 el juzgado de 1ª Instancia abre un expediente de unas obras en el término de León, donde la parroquia antigua de San Pedro de las Huertas, para dar aviso a los dueños de las fincas colindantes para hacer alegaciones en el plazo pertinente si les perjudicaba las obras cuyo contratista era Agustín Díez Millán, casado. Su hijo Agustín, con los mismos apellidos fue soltero.

Agustín fue el último presidente de la Junta Vecinal de El Egido. Después fue incorporado al el municipio de León. Hubo un cine llamado «El Pasaje», que se construyó donde hubo ciertamente un pasaje de sebes, por donde se iba a León. Todavía se dice desde el barrio, la gente de toda la vida: «Voy a subir a León». Actualmente hay un supermercado y ya no queda para recordar ni el nombre.

Estuvo en la cárcel de San Marcos durante la Guerra Civil, porque descubrieron que oía la radio de los rojos. Gracias al abogado Higinio Guerra evitó la pena de muerte.
A los de su familia les llamaban «Los Aviones«. Hay tres versiones sobre este mote, que llegó hasta nuestros tíos, a mí me decían en el barrio del Egido, donde está el colegio al que fueron mis hijos: «tú eres de Los Aviones» o de «Los (L)abiones» o para referirse a mí: «Ramirín el Avión». Según una versión fue por el labio grande del susodicho: «Labión» (de labio grande.) Otra cuenta que cuando los del barrio vieron pasar algo volando por el cielo, unos decían que era un ángel, otros que una estrella que se había caído del cielo y demás versiones. Hasta que Agustín dijo «¡ignorantes!, que eso es un avión», y lo señaló orgulloso. Desde entonces le llamaron «El Avión». Y la que contaba mi padre es que su abuelo Agustín se daba, con su manera de hablar aires de grandeza, como si fuera gente de altos vuelos, y por ello les pusieron ese mote. Forma parte del acervo de la cultura oral, del boca a boca que pasa de una generación a otra y cada cual pone de su cosecha.

El barrio de El Egido está a las afueras de León, hecho de casas de labradores, que tenían huertas y Egido quiere decir tierra comunal para el ganado. Hasta hace muy poco todavía hubo personas como Tato, muy amigo del tío Isidoro, que mantenían sus huertinas para entretenerse y completar la pensión. La casa de los Díez Millán estaba en la avenida Real. Como todas las calles que llevan este nombre fue antes cañada Real, por donde pasaban las ovejas en su trashumancia. Hasta no hace mucho ha habido prados con vacas. Todavía queda alguno pendientes de recalificar para ser construidos. Hubo una lechería, envasadora de leche. En ella trabajó mi amigo Andrés García. Y una Granja Agropecuaria, de la que queda de recuerdo una puerta de piedra. Actualmente está el colegio de primaria «La Granja», que es al que han ido mis hijos. Hasta primero de los años 90 veía al ir al colegio colas de personas con una bolsa en la mano, para comprar leche de vaca, recién ordeñada, que estaba prohibido por las autoridades sanitarias, pero quienes estaban acostumbrados a ella siguieron tomándola, después de hervirla. En esa zona hubo una presa y un lavadero, donde se hizo una fuente que la asociación de padres y madres del colegio de La Granja inauguró antes del acto oficial, una noche en que celebraron una fiesta de despedida de curso en el colegio. Frente a ella hay una Casa de comidas, El Nalgas, fundado el año 1901. Sus dueños son muy amigos de la familia Díez Millán.


Al fondo la casa de comidas «El Nalgas».

Hoy están las oficinas del parque tecnológico.
Más allá, colindante, hoy separado por una carretera está el parque de la Granja y la Candamia detrás, que antes fueron huertas. Limitada por el río Torío. La palabra viene de «Kandamo», palabra celta que quiere decir «luminoso». En la Edad Media se llamó este lugar Monte Áureo «un terreno abrupto a modo de una pared natural arcillosa, blanca». Recoge Lorenzo Martínez Ángel una leyenda de este paraje, de cuando la expulsión de los judíos: «Entre los árboles, con sus ramas majestuosas de nuestra querida Candamia, flota una leyenda semita. El pueblo hebreo dejó a una doncella al cuidado del tesoro de la aljama, cuando ellos fueron expulsados. Ella creía de buena fe, de que con los años tornarían al castro judío o a su barrio en León, pero pasaba el tiempo y la espera era infructuosa y teniendo miedo de perder su juventud y lozanía, se fue a la bruja del Abadengo, quien le dio a beber su pócima y de esta forma conservó el frescor de su cuerpo y su hermosura. La doncella judía tiene enterrado el tesoro junto a una fuente en la Candamia, y sale todos los años en la Pascua Judía, esperando ansiosa el requiebro de amores de un guapo leonés que la desencante con ternuras y ella le dará a cambio su belleza y el tesoro”.
Actualmente es un parque muy concurrido. Allá tuvo una finca Andrés Guerra, el marido de Araceli, y otros de la familia. Iban mucho los Pinto a bañarse al río y a robar perucas, decía mi padre, a quien siempre le gustó este tipo de peras, sobre todo luego hechas al vino. Hay una fuente, «Fuente del Oro», con el agua siempre fría. Mi padre siempre la recordó. Era la huerta de la abuela Paula, la abuela de Pachi, a la que define como «un pedazo de pan», «la mujer más buena que he visto jamás». Hubo muchos árboles frutales, de ciruelas claudias y perales de diferentes peras: Peras de don Gindo, de Moscatel, de Rabo Gordo, de agua, limoneras y de invierno. Cerca estuvo la presa del Caño.
Trabajó de maestro de obras, contratista, con dos cuadrillas. Era muy meticuloso. Ganó mucho dinero, pero lo malgastó invitando a la gente en las ferias y en el juego. «Era un bolsillo roto». Fue el encargado de hacer el edificio Roldán. Su hija pequeña y la tía Lola siempre lo recordaban al pasar delante de él. No aparece en las enciclopedias, pero sin los albañiles nunca se habría hecho. Se inició su construcción el año 1922 y acabó en 1925 situado en la Plaza de Santo Domingo. Se hizo sobre las ruinas del hospital San Antonio Abad. Diseñado por el arquitecto, este sí que aparece en la historia de la ciudad, Federico Urralde Echevarría, por encargo de Luis González Roldán. Fue un comercio de telas y viviendas de lujo. El edifico de Gaudí, Casa Botines, también fue para un comercio de telas. Y el edificio Pallarés, en la misma plaza, fue una ferretería.

Se proyectó en Bilbao en agosto de 1922. Finalizó el año 1926.
Consta en el BOE del 28 de enero de 1943 que tiene derecho a una pensión por la muerte de su hijo Martín Díez Millán en la Guerra Civil, perteneciente al Cuerpo de San Fernando. Otro hijo, Lucio, murió en el bando republicano sin que por éste recibieran nada.

Lorenza Millán Fernández: Hija de Anselmo Millán y María Fernández. Conocí, como bisabuela, a la abuela Lorenza siempre en la cama. Estuvo enferma los últimos años de su vida. Mi padre decía de ella que era muy buena. «El abuelo Agustín», sí que tenía genio», añadía. De sus hijas decía que tenían mucho carácter todas, que gritaban al discutir. Según mi padre «se ponían a parir y a los dos minutos ¡tan amigas!» La tía Lola decía que no te metieras con ninguna de ellas, que iban las demás como lobas contra el que lo hiciera. Contó que una vez se oyeron los gritos de la segunda hija de Agustín desde la catedral, cuando regañó a alguien. También que eran muy buenas personas y trabajadoras.



(La abuela Lorenza, con Belén y con Andresín, y el perro «Barbas», sentados en el poyo -banco de piedra- en la casa de El Egido. En la playa con una pala y a su izquierda el bisnieto Andresín.)

La tumba de la familia Díez Millán. (Aurelia es Turi) También se enterró Lucy, la hija pequeña,
en la misma el año 2024 a los 96 años.
Un hermano de Lorenza, se casó con Elvira y tuvo dos hijas: Felisa (León 1909 – 2009) y Rosario Millán. Las llamaban «Las Patas». La primera soltera. La segunda se casó con José Sánchez (Pepe), maestro. De pequeños les íbamos a visitar. Pepe me regaló varios libros de lecturas. Hasta que murió Rosario, ya mayores, ambas hacían chorizo, ¡a la vieja usanza!, en la época de la matanza, comprando la carne, y un par de porras se las enviaba a mi padre, que decía que es un chorizo único. Vivieron en la calle José María Fernández – León, camino del colegio de la Granja. Cuando Felisa fue muy mayor, antes de ir a una residencia, donde murió con 100 años cumplidos, siempre me esperaba a la ventana para saludarnos con mucha efusión. Cuando mis hijos fueron mayores y ya no les acompañaba al cole, me acercaba a verla a la hora de siempre. Felisa estuvo en la cárcel de San Marcos, porque fueron a buscar a su madre, con fama de roja y como era mayor le llevaron a ella.

Rosario y Pepe tuvieron dos hijos: Teresa (Teri) y Jesús. Éste trabajó en Caja España, es padre de dos hijas. Teri fue una prima de mi padre a la que tuvo mucho cariño. Decía de ella que desde muy joven fue muy buena. Contaba que una vez fueron a ver la película «Juana de Arco» y lloraba, y más cuando oía decir a la protagonista «¡adelante soldados de Cristo!» Se hizo monja, si bien antes estudio magisterio pues su padre no la dejó si antes no estudiaba una carrera. Fue monja misionera.

Teri, el año 1959, antes de profesar los votos de monja.
Estuvo en el Perú muchos años. Cuando venía a España, se alojaba en Madrid, en una residencia de su congregación en Arturo Soria y la íbamos a ver. Emanaba bondad y cariño. Mi padre sintió devoción por ella. Decía que es lo más parecido a una santa. Enfermó y murió a los sesenta años. Murió en el hospital La Regla de León por una enfermedad que cogió allá en su misión allende los mares.
Otro hermano de Lorenza fue (¿Joaquín?) Joaco Millán que se casó con Trinidad Sánchez Gutiérrez. El padre de Joaco, Lorenza y Elvira quizá se llamara Joaco también. O así le llamaban. Joaco y Trinidad tuvieron una hija: Trinidad Millán Sánchez, Trini, que se casó con Laudelino González Zotes, viudo de Carmen Gil, con quien tenía un hijo, también llamado Laudelino, que se fue a Venezuela. Laudelino y Trinidad tuvieron dos hijos: Mario e Ismael González Millán. A éste le conocí, un hijo suyo fue al colegio de La Granja . Profesor de la Universidad del INEF, actualmente jubilado (2020) y participa con Ecologistas en Acción.
* Araceli. Una mujer entregada a su familia, en el sentido amplio de la palabra. Cuidó de sus hermanos más pequeños, siendo para ellos una auténtica madre. Trabajó en una mercería en la calle Puertamoneda, nº 5, «Guerra de Paz». La casa de Los Pinto era el nº 7. Ya se sabe eso de que el roce hace el cariño. Esta calle es la que da a una puerta de la muralla. En la antigüedad es donde se cambiaba el dinero. En ella se asentó la judería. Hay aún una casa que mantiene un jardín de estilo de la época. Y en ella vivió, una placa lo conmemoraba hasta que la tiraron, Felix Gordón Ordás. Embajador de España en México durante la II República y el primer presidente de la España en el exilio. Está enterrado en un panteón de personajes ilustres de la ciudad, que está ruinoso y sin nadie más que él.

A través de las fotos se puede ver el parecido entre las de su rama familiar.
A mí me recuerda mucho a la cara de mi hija Daira.
Araceli fue la madrina de mi padre. Mujer muy temperamental y cariñosa a la vez. Con mucho genio, «como los de El Egido», decía mi padre: Los de la raza del Egido. Que discuten a voces y luego son tan amigos.

Una vez dos perros pequeños pisaron el pasillo que había acabado de fregar y los mató de un golpe. En la Candamia, cuenta su nieto Andresín y corrobora su madre, Pachi, la hija de Araceli, había un loro que al pasar ella repetía «calvario, calvario…». Y también cuentan que tenían un perro, un pastor alemán muy bonito: Ringo. Por no sacarlo a pasear el abuelo, Andrés Guerra, dejaba que saliera él solo y volvía al rato. Una vez paseando con él Lucy y Pachi un camionero les dijo que se lo compraba, pero ellas dijeron que no, que era como de la familia. Unos días después el perro no volvió. Lo fueron a buscar todos, incluida Araceli. Y no apareció. Consideraron que se lo había llevado el camionero aquel. Pasados los años, ya había muerto Araceli, su hija fue a un entierro de una amiga a un pueblo. Alguien por casualidad le preguntó que quién era, ella se presentó y uno de los que allá estaban era el carnicero del lugar, dijo «ah, sí, es la hija de la que nos trajo hace unos años un perro para que lo matáramos». Pachi se quedó helada. Lo cuenta Andresín, el nieto de Araceli y termina diciendo «Esto es ser de El Egido», un pueblo de los arrabales de la ciudad de León, luego barrio, y ya integrado en la ciudad. Pero como diría la tía Lola «queda un aquél».
Vivió en una casa de dos plantas, en la Avenida Real, del barrio de El Egido.

Mi padre cuando su nieta Daira, o su hija Loly se enfadaban y echaban la bronca a todo el mundo con voz en grito decía «ésta ha salido a los de El Egido». La expresión de mi madre es: «Son de armas tomar», pero aclaraba que por lo que había oído, que con ella siempre fueron muy buenas y cordiales. Sólo una vez lo presenció. Y añadía al contarlo, «después de ese terremoto: nada».

Una anécdota que cuenta Andresín, haciendo ver el valor que tenían en aquellas tiempos las fotos, que una vez su madre, Lorenza, le mandó llevar a un hermano a hacerse una foto. Le dio una peseta. Al llegar donde el fotógrafo le preguntó que si salen dos ¿cuánto costaba? Lo mismo, le dijo. Y se colocó ella también para salir retratada. Al recoger la foto su madre, le regañó. A lo que Araceli respondió: «Si cuesta lo mismo salir dos que uno!»
Se casó con Andrés Guerra Paz, o Guerra de Paz. Trabajó como dependiente en el comercio «El Cielo» sitiado en la plaza Conde Luna, donde el mercado de abastos.

Un apasionado de las procesiones de Léon. Fue abad de Nuestra Señora de Angustias y Soledad, los años 1954 – 1956 (ésta sale cada dos años. Y, curiosamente, en ese mandato no salió por inclemencias climatológicas) Parece ser que dos siglos atrás coincidió esta cofradía en el trayecto, con la del Minerva y Vera Cruz y acabaron a horcadas, por esas rivalidades de provincia, y el obispo decidió que saldrían cada una en años alternos, el Viernes Santo por la tarde. Por la mañana lo hace también el Dulce Nombre. Actualmente los papones forman parte de ambas, la mayoría. Llevan la túnica y el capillo igual. Cambia la insignia.

En verano a la familia de El Egido le gustaba mucho ir a la zona de Riaño a pescar y pasar varios días de acampada. Iban a un restaurante cercano para que les hicieran las truchas que pescaban. La que tenía mucha suerte en la pesca fue Pachi, a quien le llenaba de emoción esta actividad, lo que más le gustó hacer en la vida. Y con las que llevaban a casa las escabechaba como le enseñó a hacer su madre Araceli.

Andresín delante de él.
Araceli murió a los 71 años, sin quererse operarse por segunda vez de un cáncer de colón.


Araceli en las bodas de plata de su ahijado Ramiro y Lolita. A su lado su hermana pequeña, Lucy. Y en la comunión de su sobrino nieto, César Pinto. A su izquierda Lucy y a la derecha su marido Andrés Guerra.

Andrés Guerra Paz es hijo de Andrés Guerra, de Castrillo – León y de Paula de Paz Gago. Eran nueve hermanos: Felicitas, Carmen, Isabel, José María, Eugenio, Andrés, Abel, Manolo y Moisés. Cuando Abel murió (10 – II – 1975), viudo de Amparo Fernández Rodríguez, sin descendencia, su herencia (BOE 15 – III – 1975) pasó a los hermanos vivos y sobrinos de los que ya no vivían.

El de delante es José María, que fue médico de Villaturiel,
y atrás Eugenio.

Ricardo a su derecha y Carlos al otro lado.
La abuela Paula, cuenta su nieta Pachi, cuidaba con esmero un huerto en la Candamia, en el que desde primavera a finales del verano siempre hubo azucenas, peonías y lilas. Su bisabuela, la madre de Andrés Guerra, de Castrillo, se llamaba Irene. No se recuerdan más antecedentes familiares. No la conoció, pero oyó hablar de ella. Carmen, Carmina, casada con Bahillo, apellido con «h», cuando hay otros que lo son sin la misma (Baíllo, apellido de la zona de la Cabrea – León). Carmina y su marido llamaban la atención por su elegancia.
Moisés Guerra, hermano de Andrés Guerra, se casó con Gregoria Calderón (Goya) de Villalón – León. Trabajaron en un comercio de alimentación, situado en el corazón del Barrio Húmedo, de embutidos. La tienda «Guerra de Paz», que se fundó el año 1944.

Para mostrar lo bueno que era el género que vendía contaba que una vez un chaval le dijo que su madre le había mandado ir a comprar cinco pesetas de jamón, a lo que Goya le contestó que le dijera a su madre que con eso no tenía ni para chupar el cuchillo con el que lo corta. Luego la charcutería la llevó su hijo Luis con su mujer, Yolanda, con tres hijos: Yolanda, Noemí y Moisés. Luis Guerra fue perito mercantil. Fue el primero en hacer las lenguas curadas, para comer como embutido, lo que supuso un gran negocio. Hoy es un plato típico de León. El otro hijo, Miguel, vivió en Madrid. Se veía mucho con mis padres. Ingeniero, se casó con Josefina Peña. Tuvieron dos hijos: Miguel y Luis.

Como dato anecdótico decir que uno de los dos hijos de Miguel Guerra, Luis, es director de Airbus en España. Para él trabajó Pablo Álvarez, uno de los dos astronautas de España, junto con Sara García, de los 22 europeos. Ambos de León (año 2022) El año 2024 fue elegido presidente de la Plataforma Aeroespacial Española (PAE) por el consejo rector de su empresa, Airbus.

Luis Guerra Peña, hijo de Miguel y Josefina.
Araceli Díez y Andrés Guerra tuvieron dos hijos: Eufrasia (Pachi) (León, 23 – VII – 1929) y Andrés Esteban (León 1931 – 1952), que murió muy joven, a los 21 años. Estudió en los Agustinos como su padre. Araceli dejó de ir a misa desde entonces y no arregló la túnica a su marido para procesionar en Semana Santa, a quien le decía «¿vas a dar gracias a Dios por llevarte a tu hijo? Como curiosidad, en la publicación «León», órgano oficial de la asociación Centro Región Leonesa se anunció el nacimiento de «una hija de la esposa de Andrés Guerra», sin nombrar a la madre, tampoco en ninguno de los otros casos que se anunciaba.

Salen los antiguos alumnos.
– Pachi, Eufrasia Guerra Díez. (León, 23 – VII – 1929) Siempre recuerda que su madre fue también la madre de sus hermanos pequeños. Sobre todo de la menor, Lucy, a quien cuidó como a una hija. Pero si había que dar una torta se la ganaba ella. Las dos dormían en el mismo cuarto, en sendas camas que eran iguales. Al cabo de los años Pachi se acuerda de ellas.

No le gusta su nombre, algo que suele decir. Lleva un anillo en el que está inscrita la letra «E», que corresponde al nombre mismo, es por una tía segunda suya, de quien la viene, la tía de su padre Andrés Guerra: Eufrasia Guerra Castrillo. Un día estando con ella se sintió mal y le dio el anillo para que lo llevara ella. A las pocas horas se murió. Desde entonces han pasado más de setenta años, Pachi no se lo ha quitado.

Cuando lo cuenta se «empipa», «¡es que me empipo!», palabra ésta que manifiesta lo sensible y emotiva que es. Empipar: una mezcla de estar enfadada, rabiada y a punto de llorar, pero sin hacerlo. La comida ¡del mundo entero! que más le gusta son los huevos fritos con patatas fritas, con un buen pan. No le gusta que éste sea a medio cocer: «El pan tiene que ser pan». Después de ser operada de un cáncer de colón le recomendaron una dieta que nunca ha seguido. La fruta que más le gusta son las cerezas. Pero sobre todo el jamón y el chorizo de Irene, el que venden en un bar que lleva la sobrina de Velasco. Fue muy aficionada a coger setas de cardo, que cocinaba en la sartén con mucho ajo.

Prima de mi padre, se llevaban muy bien. Pachi siempre recuerda su última conversación con él una Semana Santa. Fue un gran conversador. Se le pasaron las horas que estuvieron hablando ¡en un minuto!, decía. Ciertamente es algo que ha desaparecido, la manera de enlazar un tema con otro, de entretener hablando y contar muchas cosas relacionando temas familiares con otras cuestiones. Podían pasarse horas. En este sentido he conocido a tres personas que hicieran de la conversación un arte, como reivindicaron que fuera así considerada Ortega y Gasset y Virgina Woolf. Fueron: Mi padre, la tía Lola y mi amigo Santiago Rodríguez Magallón.



Me cuenta Pachi que una vez que fueron a Madrid, ella y Lucy, a celebrar el cumpleaños de mi padre, yo estaba estudiando y no les hice mucho caso, como si dijeron «¿A qué vienen estos de León?» Yo no me acuerdo de eso.



Murió el 20 de mayo de 2023.

Pachi se casó con Laureano Sandoval Rodríguez. Tuvieron un hijo: Andrés Sandoval Guerra (Andresín). Siendo éste muy pequeño se fueron a trabajar a Venezuela varios años. También se empipa Pachi cuando lo cuenta. El año 1943 Laureano estudió en la Escuela Pericial, (de comercio.)

Pachi se hizo maestra, aunque no ejerció. Trabajó de joven en la mercería de su madre. En Venezuela, Caracas, fue empleada de una tienda de telas y Laureano se dedicó a pintar casas y naves.

Laureano tuvo mucha mano también con el pincel fino, como afición, con muchos cuadros suyos en su casa. Gran conversador, tardaba en pintar y empapelar las casas en las que trabajó porque se paraba a contar sus historias en Venezuela u otras anécdotas. Pero su oficio lo hizo de manera impecable, según cuentan quienes le conocieron en estas labores.
Laureano, una persona con una complexión atlética y alegre, gran contadora de chistes. Mi padre decía que de la familia es el único que podría ser actor. De muy buen parecer. Padeció los últimos años problemas respiratorios. En Caracas hicieron una amistad que perdura con el matrimonio de Ricardo y Carmina. Tuvieron dos hijos allá: Ricardín, del que fue madrina Pachi y al que quiere como a un hijo, y a Laura, de la que Laureano fue su padrino.

Laureano murió de repente. Lo cuenta Pachi con mucha emoción. Ella quiere que le suceda a ella lo mismo, «que sea lo que tenga que ser sin enterarme». Acababa de hablar por teléfono con su hijo. Mientras que lo hacía Pachi fue a la cocina a fregar los cacharros en los que tomaron las sopas de ajo. Y al volver, le dijo que qué hacía, pues estaba recostado hacia abajo. Hasta que se dio cuenta de que había muerto.


· Andrés Sandoval Guerra, Andresín. (León, 12 – VII – 1955)




Estudió Comercio. Ha trabajado en Caja España, en oficinas de Puente Almuey, Riaño y León. En Riaño hizo una gran labor cultural llevando muchos actos a esta localidad y pueblos del entorno, como en Casasuertes.


(Andresín con el perro «Barbas» y con Lola Cañón, la mujer del primo de Pachi, Ramirín.)

Andresín con su prima Belén, año 1959 en la boda de Begoña Merino y Santos Castro.
Aficionado a la caza. De pequeño le gustaba ir a cazar ranas y pájaros con una escopeta de perdigones. Las primeras en una charca donde hoy se ubica la plaza Cantarranas, que está urbanizada con edificios modernos. No queda nada de aquello.

Con cuatro años iba hasta la Candamia montado en una mula, sin silla. Cuando estuvo en Venezuela con sus padres fue a montar a un caballo y le dio miedo hacerlo sobre una silla de montar.

Estudió en el colegio de los jesuitas con Mariano Rajoy de compañero de clase, quien luego fuera presidente del gobierno de España. Quedan una vez al año antiguos compañeros de colegio a comer. Andresín hizo el servicio militar en Palma de Mallorca, los años 1976 y 1977


Con Andresín en Pajares – León, los hermanos Ramiro, Gabriel y Jose Luis Pinto.
Se casó con Ana Villalba, con quien tuvo un hijo: Andrés. Años después Andresín se separó. Vive en pareja con Belén López Martínez, profesora de Biología en la Universidad de Oviedo desde 2007, en el departamento de Biología de Organismos y Sistemas.

Belén tiene dos hermanas: Cecilia (Ceci) y Alicia, la mayor, que es Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de León. Lectora y profesora de Gramática y Literatura Española en la Universidad de Saint Norbert College (Wisconsin, EE:UU.) Profesora de Lengua Castellana y Literatura en enseñanzas medias y de Inglés y Lengua en la UNED. El año de la pandemia imparte clases enn el IES Juan del Enzina. La conocí en el Ágora de la poesía, donde la llamamos Alicicia, por un error que se ha perpetuado como pseudónimo. Es autora de libros como «Pálpito de luna nueva». Galardonada con el “Premio Sarmiento de Poesía” de Valladolid. Participa en muchos eventos culturales de León.
Tras la separación de Andresín, el nieto de Pachi no volvió a ver a sus abuelos, viviendo encima de ellos, lo que la origina mucha tristeza a su abuela Pachi y ésta se empipa.


Laureano Sandoval (León, 6 – X – 1928 /18 – I – 2016.) Es hijo de Roberto Sandoval Sandoval y de Máxima Rodríguez. Roberto tuvo un taller de pinturas en la calle la Plata.
Laureano vivió de niño unos años en Benavente, con su tía Mari Luz y primos. Sus otros hermanos son Francisco, Eduardo, Ángel, Andrés (trabajó en Antibióticos de León), Simita (Máxima), Valentina y Mª. de la Luz (Lucita). Esta última se casó con Jacinto Díez Mateo. Antes de separarse tuvieron seis hijos: M.ª de la Luz, M.ª Jesús, Ana María, María de la Concepción, M.ª José y Jacinto Roberto. Lucita enseñó a sus hijas que no hay que criticar a nadie, ni hablar sobre lo que hacen, pues en sus circunstancias cualquiera podría hacer lo mismo. Lo repite la tercera hija, Ana, a quien conocí en el Ateneo Varillas.

Ana es amiga de la familia. Ha sido la primera mujer que llevó una autoescuela en España, «El Carmen». Se llama de esta manera porque su abuelo tuvo una funeraria con el mismo nombre. Trabajó más de treinta años en Barcelona como profesora de autoescuela. Ha practicado kárate.

Vivió en Canarias, luego en Barcelona hasta afincarse definitivamente en su tierra natal, León. Le gustan mucho los perros. Convive con varios. Al que más conozco es a Roky. Participa en el Ágora de la Poesía. Es quien reparte el chocolate en el Ágora y ha leído poemas de César Pinto Maestro. También es la guardiana del Ateneo Varillas, donde ha hecho teatro y participa en el coro. Practica bolillos. Se casó con Santiago Merino Vila, trabajador de la empresa petroquímica. Separados años después.

Celebrando su cumpleaños, con la cuelga. 28 de marzo de 2023.
Andrés Sandoval Iglesias, es hijo del hermano pequeño de Laureano, que también se llama Andrés, es un pintor de reconocido prestigio. Trabajó en los GEO (Grupos de Operaciones Especiales) y cuando lo dejó de guardaespaldas de un político de EE.UU. Según Pachi y quienes le conocieron dicen que Andrés, el hermano de Laureano, era guapísimo, de llamar la atención, «el mas guapo de todo León». Sus dos hermanos son Alberto (militar) y Pilar.

Andrés Sandoval ante sus cuadros.
* Librada. Se casó con Eloy Merino Blanco, que trabajó en la estación de RENFE, antes de la guerra, después en una fábrica de alcohol y más tarde en Antibióticos de León. Natural de Barruelo de Santullán, Palencia. Nació el año 1903. Fue detenido durante la guerra civil por comunista, estando en el listado de presos en San Marcos, León. Tuvieron cinco hijos:

la hija pequeña de Librada y su sobrino Andresín.

Enfrente, de rojo Belén. A su lado izquierdo su tía Araceli. Entre Belén y Lucy es Turi. A su izquierda de pie,
está Conchi, la mujer de Tino.
A su lado izquierdo Concha, hija de Librada. A la derecha del todo, sentado, Tino hijo de Librada.
Tras él su hermana Begoña, que tiene a su lado a su marido, Santos.
A su lado un hermano de éste y debajo, con gafas, otro.
– Aurelia Merino Díez (Turi), casada con Pedro Sánchez de Diego. Se fue a vivir a Bélgica. Cuando se jubiló vino a vivir a León. Un día apareció muerta, de repente, en su casa, encontrándola Lucy, que se extrañó de no verla aquel día. Fue el año 2009.


Tuvo dos hijos: Jesús y Concha, Mª Concepción Sánchez Merino, trabajó en Bélgica. Ttiene dos hijas: Laetitia y Aurélie Dereumaux.

– Concha (León, 8 – XII – 1934 / 3 – IX – 2021). Muy trabajadora. Famosa en León por las tortillas que hacía en el bar se su hermana pequeña. Una gran cocinera.

Concha en la boda de su hermana Begoña. Año 1959.
Se casó con Antonio Morán, que trabajó en Ponferrada como representante de la marca de aceite Koipesol. Los últimos años Concha padeció Alzheimer. Tuvieron cinco hijos: Begoña, Pedro, Marta, Antonio y Carlos. Falleció en septiembre de 2021.

– Begoña (Begoñina). Casada con Santos Castro (Santines.) Llevaron durante muchos años el bar La Canasta, de León.



Boda de Begoña y Santos en la iglesia San Juan de la Regla, que ha desaparecido. Estaba cerca del Hospital del mismo nombre y de la catedral de León. El traje de novia se lo hizo su hermana Turi. De izquierda a derecha según se ve la foto: Concha, hermana de la novia. Teri, que años después se haría monja. Begoña y Santos, Marucha, tía de Begoña, hermana de de su madre. Y una amiga de la familia. Debajo Andresín y Belén, ésta hermana de Begoña. Año 1959.




Quedó viuda y se fue a vivir a la residencia del convento de las hermanitas de los Ancianos, donde despertó su afición al teatro actuando en muchas obras que representaron allá. Su tía Lucy dice que se ha crecido, «antes no hablaba nada y ahora no hay quien la tosa».




Murió el 28 de julio de 2024. La tierra le sea leve. DEP
Como escribió Cicerón: «La vida de los muertos está en la memoria de los vivos».
Tuvieron tres hijos: Santos, Miguel Ángel y Carmen.
El mayor, Santos, casado sin descendencia. Trabajó en la empresa Vidriera de León.
Carmen casada y separada, con dos hijas: Tamara y Laura. Ésta fue compañera de mi hijo Ramirín en el colegio de La Granja y en el instituto Lancia.

· Miguel Ángel: Ahijado de Belén y de Andresín. Estudio en Valladolid para ser dominico. Lo dejó e hizo la carrera de Psicología en la Universidad Pontificia de Salamanca y la de Filosofía en la misma y en la de Valladolid. Años de compensar la austeridad del seminario. Trabaja de profesor de filosofía en el IES Padre Isla.

Miguel Ángel con los hábitos de dominico, con la tía Lucy y el tío Isidoro.
Aficionado a la pintura y con inquietudes intelectuales, prepara tertulias como «Diálogos filosóficos» en la Biblioteca Pública de León. Escribe. Participa en el colectivo «Catoblepas», siendo un estudioso de la obra de Gustavo Bueno, representante del llamado «materialismo filosófico». Admirador de las obras y el pensamiento de Spinoza y Schopenhauer. El curso 2020 – 2021 lo ha cogido como año sabático, quiere ver su labor docente con perspectiva.



Casado con Ana. Sin hijos, lo que es un tema que defiende como norma general. Considera que no hay que traer hijos al mundo, porque ¿para qué? y dejar que la especie humana, que entiende no tiene sentido, desaparezca. Lo he debatido con él, y pienso que el sentido hay que crearlo, que inventarlo. No obstante ha escrito un libro que en el que plantea este tema en profundidad: «No me pidas nacer», en el que entabla un diálogo con su ángel custodio y al final me convierte en un «loco». Interesante.

Otros libros que ha escrito e invitan a la reflexión son: «El panfleto contra la filosofía de Pablo Iglesias» y «Todos somos filósofos; El papel de la filosofía en España». Aparte de artículos en revistas y en diversos periódicos, a favor de la asignatura de filosofía y en contra del bilingüismo en la enseñanza.




Begoña, Laura y Carmen: Abuela, nieta e hija y también madre. Año 2023.

Tamara y Laura, las dos nietas de Begoña, hijas de Carmen Santos Merino.
* Agustín (Tino.) Casado con Conchi, de Astorga. Quedó viudo muy joven. Le gusta la fotografía. Trabajó en la empresa Antibióticos de León.
* Belén. Se casó con Santiago Campo Marbán, quien tras una enfermedad murió al poco tiempo de contraer matrimonio, pasado año y medio. Es hermano de Lourdes y Adolfo, éste es amigo de Ramiro Pinto conociéndose en los grupos ecologistas. Con los árboles genealógicos se encuentran curiosos puntos de encuentro entre personas.
Se volvió a casar con Juan José Riego, que trabaja en una gestoría. Belén dio de alta el bar «Tarrero» el año 1992, colindante con la Plaza Circular, también llamada de la Inmaculada.

Belén con su primo Andresín el día de la boda de su hermana Begoña. Año 1959.


Belén en el bar y un retrato suyo dibujado por Sara Potxenuska.
Tienen un hijo: Alejandro, ingeniero industrial. Después de trabajar una temporada en Vidrieras de León, es maquinista de trenes. Trabajó en Barcelona y luego en Zaragoza.

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Alejandro vestido de papón durante una Semana Santa, con apenas 3 años.
Junto a él Daira Pinto.
Es un apasionado de la trompeta. Toca en varias bandas y sale con ella en la Semana Santa de León llenando las calles de música.


* Lucio. Trabajo de muy joven de empleado primero en una tienda de telas y luego en la misma de trajes y vestidos. Su hermana pequeña, Lucy, le admiraba. Dice que era diferente a los demás, muy alto y muy servicial. Cuando la guerra se fue a Asturias para luchar en el bando republicano, «con los rojos», decían familiares suyos. Fue hecho prisionero en Valencia de don Juan por los nacionales. Se escapó. Lo último que recuerda su hermana pequeña es cuando se despidió de su madre y de ella con un beso y no le volvieron a ver. Murió con 22 años durante una batalla en Asturias.

Esta foto estuvo siempre en el comedor de la casa del Egido. Dudábamos si sería Martín o Lucio, pero por la gorra del bando republicano, es Lucio.
* Martín. Era aprendiz de tipógrafo. Iba a aprender al periódico «Ahora», que dirigía José Pinto Maestro. Y en donde Ramiro Pinto Maestro también trabajaba de tipógrafo.

el tercero desde la derecha es Ramiro Pinto M.
Como en la familia de los Pinto Maestro, los hermanos Díez Millán, se dividieron en ambos bandos de la Guerra Civil. Martín luchó con los Nacionales. En el Cuerpo de San Fernando. Murió en Belvís de la Jara – Toledo con 25 años. Contaron a la familia que había terminado una contienda, cuando vieron de lejos a un soldado enemigo, «un forajido», que se escondía tras una peña. Levantó los brazos. El capitán mandó ir a por él a un grupo de soldados. Martín dijo que no hacía falta, que iba él solo. En el trayecto recibió un disparo mortal.
* Juanín: Fue contratista de obras. Se casó con Áurea Fernández Vega (Aurita) murió con 92 años el 17 de septiembre de 2019. Vivieron en La Virgen del Camino – León.
* Agustín (hijo, también Díez Millán por lo que se ha dicho anteriormente de su padre.) Fue albañil. Muy aficionado a los toros. Fumaba mucho. Le veía cuando éramos pequeños al venir a León.

Andresín en el medio, celebrando su tercer cumpleaños.
A su derecha su abuelo Andrés y la tía Lucy.
Era muy cariñoso. Le llamaban «el gordo», porque era muy delgado, pero parece ser que de niño si que fue gordito. Tenía fama de un buen trabajador. Decían que ningún albañil hacía las escaleras como él. Hizo la de la c/ Puertamoneda, donde vivió Polo y luego yo varios años. La tía Lola siempre que las subía le recordaba. Se cuenta, por otra parte, que ponía a trabajar a toda la «tropa» y él se iba a hacer recados. Le apodaban «El Gordo». Debió serlo en su juventud.

Agustín de parranda con amigos.
El de bigote que está encima del enmarcado en un círculo,
el padre de una amiga actual casi un siglo después. Es una fiesta que organizaba Pacho en La Robla de León, donde era el rico del pueblo. Foto entre el año 1955 y 1960.
También nos veíamos con él en Madrid, cuando iba a ver jugar a la Cultural Leonesa con el Rayo Vallecano cuando estaban en segunda división. Iba mi padre con nosotros, para encontrarnos con Agustín y nos encontrábamos con un compañero médico que estudió con él la carrera, César. El tío de mi padre nos contaba un chiste de su nombre: «¿Está Agustín?, pues si está, ¡siga, siga!». Luego se lo contábamos mus hermanos y yo a todo el mundo. Gran aficionado a los toros.


Agustín con su hermana Lucy y el marido de su sobrina Luisa Pinto, Gregorio Modino (Goyo) En la foro de familia en el medio a su derecha Lolita, la esposa de su sobrino Ramiro Pinto, su sobrina Luisa y su hermana Araceli. A la derecha Goyo. Delante Andresín, nieto de Araceli, A su izquierda Ramiro, Gaby y José, hijos de Ramiro y Lolita, y a su izquierda Goyín, hijo de Luisa y Hoyo, su hermano Ramiro Modino y los otros hijos de Lolita y Ramiro: Loly con el balón, delante Gaby. Al otro lado en el cochecito Carlos Modino.


El tío Agustín con sus sobrinos nietos. Delante de él Jose Luis Pinto, a la derecha Goyín Modino Pinto, Gabriel Pinto. A la izquierda Andresín abrazado a Miry (Ramiro Pinto, haciendo el tonto)
y delante César Pinto.
* Isidoro. El tío Isidoro. Isidorín. (León, 1935 – 1994) Fue tipógrafo. Trabajo en la Imprenta Mieres. Su dueño no cotizó por él, de lo que se dio cuenta al jubilarse, lo que le dio un gran disgusto. Cuando fue a la mili, contaba con mucho desparpajo y gracia, le pusieron como topógrafo, al confundir por una letra el nombre de su profesión. Le tocó ir a África. De pequeño fue muy menudo, pero a los dieciséis años dio un estirón enorme. También tuvo una enfermedad en los ojos que me quedó como deformidad en la cara con los párpados caídos. Un rostro muy singular.

Alternaba en los ambientes nocturnos de León, donde decían que era el mejor en imitar a Lola Flores cuando tomaba unos vasos de más. Cuando estrenaron por los años 90 el bar «El Toro» tenía una cabeza de este animal en la pared, se puso a torearlo aclamado por toda la concurrencia, que gritaban ¡torero, torero! Vendieron él y su hermana pequeña la casa y en el mismo solar adquirieron un piso en el que vivieron juntos.

Con dedicatoria a su sobrino Ramirín, el hijo de su hermana mayor, Marucha. .

Muchas anécdotas de él, que recuerda Andresín, como cuando se reía de sí mismo pidiendo el pastel «borracho», diciendo, «dame un isidorín». O cuando al hacer la mili tuvo que ir a cortar palmeras, se fue dejando el hacha en el suelo, porque la palmera le habló y decía que no la golpeara, ¡ay! pobrecita. (Precursor del ecologismo.) Y cuando decía a alguien que le ayude la Virgen de los Milagros, que a él no le ayudó (por lo feo que, decía, que era.) Sus cartas fueron famosas, por ser enormes pliegos.

Cuando Isidorín llegaban a sus sobrinos se juntaba la vecindad para leerlas. Como cuando anunciaba que iría a Gijón, si Dios quiere, pero si no quiere también, porque ya había sacado los billetes, porque antaño se sacaban los billetes con mucha antelación. Cuando en los bares se quejaba la gente, sin parar de lamentarse, recordaba su refrán teológico: «Dios es la suma bondad, y si jodidos nos tiene, será porque nos conviene«.

Pintado por su sobrino segundo Miguel Ángel Castro Merino.

Los últimos ochos años de su vida vino todos los veranos a Moralzarzal- Madrid, en el chalé de su sobrino Ramiro, donde se lo pasó fenomenal e hizo muchas amistades en la colonia de Los Abetos y en el pueblo. Decían de él, lo mismo que en León: «Isidorín es todo un personaje». Regaba el jardín y cada día iba hasta el pueblo, parando en el bar «Puskas». Se bañaba en la piscina. Y bajaba a jugar la partida de cartas con dos vecinos, amigos de la familia, Martín y Luisa, junto la hija de ambos.

A su lado César, Jose, Loly detrás y Gaby.
El último veranos, a principios de septiembre de 1994, se encontró algo mal, con fiebre. Vino a León y resultó ser leucemia. Me decía «y para tu padre era un constipado». Su último deseo fue beber un vasito de vino, que le dio su hermana Lucy.

Isidoro a la derecha. A su lado Elena junto a su marido: Gaby. Lola, Miry, Ramiro, Jose. Debajo Yolanda, Loly, César y Rayo.
Su hermana pequeña, Lucy, cuenta anécdotas de él. Como cuando llegó a casa antes de lo previsto y se comió la cena de su hermano Agustín, que cuándo llegó preguntó que quién la había comido. A lo que Isidoro dijo «se la comió el gato». Esto puede parecer una tontería, pero cuando lo cuentan en su familia se ríen mucho. Nos deberemos preguntar ¿qué hace gracia en una familia o grupo?, quizá estar dentro de unos códigos que tienen aquellos que están unidos por lazos de convivencia. También que al volver a su casa de la mili venía con una mona en el hombro y otra atada a una correa de la mano. Un vecino fue a avisar a su madre, «señora Lorenza, señora Lorenza, su hijo viene con una mona», a lo cual ella exclamó «pero si es muy temprano». Nos hacía mucha gracias, quizá por conocer a Isidoro.

Isidoro el segundo de la derecha, al lado de Benjamín Prieto y seguido Ramiro Pinto, la tía Lucy a su lado, Silvia junto a su hermana Elena Pulido, Gaby
y Yolanda con Rayo en brazos. Año 1991.
Yo quedaba algunas veces con él a tomar unos vinos donde frecuentaba. Los dueños de los bares le conocían y pasábamos largo rato charlando con ellos, de cosas intrascendentes. Pasábamos el rato. Siempre fue él y Olga a los primeros que anunciábamos que íbamos a tener un nuevo hijo Yolanda y yo. Para muchos de la familia era un problema, sin trabajo estable. Él les decía: «¡Es natural!, ¿qué quieres?, la naturaleza, la naturaleza.»

En la casa de Yolanda y Ramiro de la calle Mariano D. Berrueta, descorchando una botella de vino bajo la atenta mirada de Elena Pulido y frente a Rayo. Año 1999.







Isidoro con la nieta de su sobrino Ramiro Pinto: Daira, en el chalé de Los Pinto en Moralzarzal – Madrid (año 1994). La foto , 1989, con Rayo en la mesa, a su derecha Lolita, la esposa de Ramiro Pinto Díez, que está el otro extremo, Loly y José. A su izquierda : César, Mity con su pareja detrás, Yolanda, y la de Gaby (autor de la foto): Elena. Con Rayo y Omar en brazos de Elena en el parador de San Marcos. Junto a Miry y su hermana Lucy y Yolanda con sus dos hijos, Rayo y Omar. Y con Miry en el obispado, cuando en la calle Ancha circulaban coches. En el jardín del chalé de Los Pinto con su sobrino Ramirín y el nieto de éste, Rayo (año 1990)
Murió a consecuencia de la leucemia. Le pusieron muchas bolsas de sangre. Fue cuanto adquirí conciencia de lo necesaria que es su donación y me hice donante. Veinticinco años después he superado las setenta y cinco, con el reconocimiento de Gran Donante por parte de la Hermandad.
Que su recuerdo nos acompañe.

* Luz, Lucy. (León, 4 – VI – 1927 / 1 – II – 2024) Siempre resalta que su nombre es Luz, sin el nombre de «María» delante. La llaman sus amigas y familia «Lucy». Muy juvenil y deportista. Ha hecho muchas excursiones a la montaña y ha esquiado hasta los ochenta años. Ha aparentando mucha menos edad de la que tiene. Al llegar a los noventas y andar de médicos, se lo decían y a ella le hacía gracia. Ha hecho largos viajes en coche con las amigas, que fueron su segunda familia. Una mujer muy independiente.

De pequeña no le gustaba que su madre fuera tan mayor. Nació poco antes que sus sobrinos mayores. De pequeños mis hermanos y yo no nos imaginábamos que fuera tía de mi padre. Le cuidó su hermana Araceli. En familia le apodaban «La Rata», y así le llaman sus parientes más cercanos. le viene este sobrenombre porque de pequeña salía corriendo cuando jugaban, o la querían pegar sus hermanos, Isidoro y Juanín. Ella se escondía en un armario e Isidorín gritaba «¡la rata, la rata, que salga la rata!», y así se quedó con esa manera de nombrarla. Y a su hermano Juanín: «El Gato», porque era el que más la perseguía jugando.

Trabajó en la mercería, pero por consejo de Marucha, la mayor de las hermanas, se buscó la vida por ella misma. Se fue a Londres. Aprendió inglés y se capacitó para auxiliar de enfermería. Convivió con auxiliares italianas y aprendió más su idioma que el del país. Su madre enfermó, para estar años encamada. Agustín, el padre de Lucy, le escribió para comunicárselo, pero diciendo que se quedara si allá estaba su futuro. Ella decidió volver. El clima no le gustaba, ni el ambiente.

Muy aficionada a la pintura. Ha hecho cursos y expuesto colectivamente en varias ocasiones.


Mujer moderna, la hipi de la familia, que fumaba y bebía y viajaba con las amigas.
Su lema fue «hago lo que me da la gana.»

Al llegar a León habló con algunos encargados del Hospital y le dieron una plaza para atender a niños prematuros, cuando están en las incubadoras. Le gustó mucho este trabajo. Y quería a los niños. Cuando salían los padres y madres regalaban pasteles, bombones y flores a las enfermeras por lo bien que los cuidaban.


(Lucy con Andresín en la mercería y en un parque.)


A Lucy le encantaba ir a esquiar y hacer excursiones por la montaña.
En el Puerto de san Isidro – León. A su lado Miry, Gaby y Jose. En Pajares.

En Madrid, en casa de su sobrino Ramirín. Con Loly, César a su derecha
y Gaby al otro lado.

En la boda de Miry y Yolanda, año 1992. El novio a su derecha, a la izquierda Jose. Los ojos de Yolanda detrás y al fondo a la derecha de la foto el padre del novio.







(Con Rayo en brazos. Con Loly y con Yolanda. En la última con Elsa en brazos, (año 1999) de fondo el primer cuadro que pintó, en casa donde vivían con la tía Lola. Ante la catedral con Yolanda Prieto y Elena Pulido.
Y con Rayo, año 1988 en compañía de Loly Pinto)

Con Rayo y Omar. Año 1992.
Ha sido la hippy de la familia, muy deportista y siempre ha aparentado mucha menos edad de la que tiene. Un año mayor que mi padre, siendo su tía, siempre creímos que era mucho más joven. Cuando los médicos se asombran al saber su edad, porque no aparenta los años que tiene, ella se ríe.

Una vez le llamaron la atención por coger en brazos a un niñín que era tan pequeño que le daba pena. Les acariciaba el pie. Para no andar cambiando de turno, cogió el de por la noche. Se le trastocó el sueño. Tomaba pastillas para dormir y se acostumbró a ellas. Padeció de insomnio desde entonces y lo arrastra en su ancianidad.


Debido a varias enfermedades y a que se rompió la cadera a los 90 años de edad ingresó en una residencia geriátrica, Otazu. Algo que nunca pensó.

Y Begoña Merino, sus sobrinas.

Año 2018.


Le gustaba jugar al bingo. Una vez en Madrid, yendo por la calle Preciados, unos trileros la hicieron entrar al trapo con el juego de las bolitas. Ganó una vez y luego llegó a perder cinco mil pesetas. La cogí del brazo para que se fuera, pero se enfadaba porque quería recuperar lo perdido. Se mostró desafiante y aquel grupo de estafadores se fue al ver que venía la policía, pero a ella le desplumaron.

Otra vez que vino a una primera comunión de alguno de mis hermanos, Araceli y Andrés fueron a ver a Lina Morgan. Ella se quedó con la hermana soltera de mi madre, la tía Mari Carmen y pasaron la tarde en casa. Al día siguiente montó en cólera, asustó a mi madre. Según mi padre es la bronca típica de los del Egido. Participó a nivel local con el PSOE, coincidiendo con Zapatero cuando era diputado. Esté enferma o por edad, nunca ha dejado de ir a votar.

Detrás Chus y su hija Thais. Dos poetas del Ágora de la Poesía.
Chus trabaja de cuidadora en otra residencia.
Chonita escribe poesías. Le hicimos un homenaje leyéndolas poetas del Ágora. Un acto muy entrañable.
Maruja y Chonita,hasta el estado de alarma por el coronavirus,
han jugado todas las tardes a la baraja con Pachi y el grupo de amigas. Año 2019
Reniega de la vejez, dice que es un asco. Le suele doler la espalda. Pero también repite «que me quiten lo bailado». Le gusta ir al jardín de San Francisco, cerca de la residencia. Y se siente encerrada por no poder salir a causa de la pandemia.











En junio de 2023 Ramiro y Yolanda estuvieron en Amsterdam. La tía Lucy estaba muy ilusionada en que fueran a visitar el museo de Van Gogh. Ella les había regalado una copia del cuadro del barco, en el que es muy importante la línea roja en la nave y la firma, pues hace que el cuadro se vea de una manera más nítida. Y tiene granos de arena incrustados,
por lo que se sabe que lo pintó desde una playa.
A la derecha la réplica de Lucy. Y ella con una foto del cuadro
que le regalamos y le hizo mucha ilusión.

