Julián. (León, 1903 – Cádiz, 16 – IX – 1936) Aventurero. Es así como le describió la tía Lola, pero su vida fue mucho más. Sobre todo, se puede interpretar de manera muy diferente, fue un luchador, cuyo periplo está por descubrir.
De profesión perito mecánico. Militante del partido comunista, por lo cual la tía Lola decía que «era de la cáscara amarga». La familia (padres y hermanas pequeñas) tapó su vida, su acción, porque se metió en líos y al final ¿para qué? Le mataron, decía la tía Lola, sin hablar de lo que le pasó. Sí contaba alguna cosa, pero de manera incompleta, más para alarmar sobre un hermano, dejando caer que no estaba bien, y siempre con la coletilla: «era un cabeza loca». Una visión muy parcial y de una persona imbuida en el «falangismo», cuando en realidad Julián fue un luchador por la libertad y participó en actos y acciones que pagó con su vida. Así mismo fue muy considerado en las organizaciones en las que participó. Una historia la suya que debería ser rescatada, más allá del anecdotario familiar.

Foto del 3 de septiembre de 1924.
Con su firma: A mis queridos padres en prueba del cariño
que les profesa su hijo.

La misma foto, que encontré en otra carpeta, con la dedicatoria tachada. Posiblemente por su madre o una hermana que renegaban de su filiación a los comunistas.

Imagen de militar. Foto firmada por él.
Viaja, como persona inquieta que era. En Granada conoce a Encarna y se hacen novios. La tía Lola decía que era muy feo, pero que era muy elegante y muy simpático, aunque ella apenas le conoció. Y que tenía mucha «pepita», mucha labia. Se parecía mucho a su hermano mayor, José. A veces se hacía pasar por él para ir a algunas fiestas y actos sociales, como ir a los toros y demás. Encarna era de Granada, donde vivirá una temporada Julián.


En «Noticias de Granada», 22 de abril de 1926, cuando Julián tiene 23 años sale una noticia según la cual Julián recibe, junto a otros tres jóvenes, una subvención «para ayudar a los gastos de un viaje al extranjero», a propuesta del alcalde, Antonio Díez de Rivera y Muro, Marqués de Casablanca, siendo el regidor de la ciudad desde 1923 hasta que comenzó la República. Otra cosa que contaba su hermana pequeña, que quizá oyó campanas sin saber dónde, es que Julián no pudo volver a León porque… Pero de hecho sí que visitó varias veces a su familia en la ciudad donde nació. Pero la tía Lola cuando lo iba a contar se alteraba y clamaba «no puedo, no puedo contarlo, es algo terrible». Me compungía, porque ¿qué sería?
Los últimos años de vida de la tía Lola, como si fuera un acto de expiación, es decir como si al contarlo purificase y borrara las culpas de su hermano y de la familia, me decía que hizo ¡un robo sacrílego! con un marqués «tan loco como él», en Villafranca del Bierzo. De hecho Lola pagó muchas misas para expiar sus culpas. Aquel marqués tenía una avioneta en la que viajaron. Algo en aquella época totalmente novedoso. Era familia del alcalde. Pudiera ser un sobrino de él, ya que el regidor no tuvo hijos, y la línea sucesoria pasó a la hermana de Antonio Díez de Rivera. Algo hay documentado sobre este suceso, pero veámoslo poco a poco. Aclarar que de lo que le culparon a Julián no se pudo demostrar nada, en cuanto a robos, pero era una manera común de cargar las tintas contra quienes defendían otras ideas diferentes aquellos que impusieron las suyas, así como sus intereses, por la fuerza de las armas.

La subvención referida, de 250 pesetas, fue pagada con dinero metálico. Julián tenía 23 años. Dos años antes fue cuando hizo la mili. Viajó en 1926 a Francia, donde estuvo con su hermano Carlos. Y luego se supo que estuvo en Rusia. Desde allá, cuenta la tía Lola, mandaba revistas bolcheviques, que comprometían a la familia. No en aquel momento, pero sí años después. Por lo que el padre de Julián y su hija Lola las quisieron quemar, «pero no prendían, «¡con qué papel estarían hechas!», clamaba ella añadiendo la coletilla, «estos comunistas son de la piel del diablo». Unas las tiró al río y otras las enterró.

Julián, el de la izquierda.
Otra cosa que contó la tía Lola es que en Rusia su hermano Julián actuó de agente comunista que se hizo llamar «Ramiro Alaska«, de lo que no hay ninguna documentación. Ella lo oyó contar. De lo que sí que hay constancia es que él cambia de segundo apellido, lo que fue falsificado en su tarjeta de identificación: Julián Pinto Uriarte. Con esta identificación aparece en los expedientes de guerra. Por ejemplo en el legajo oficial 183/3225: – Juicio Sumarísimo 91/36 contra Milagros Rendón Martell, Julián Pinto Uriarte, Antonio Delgado Martínez y Manuel López Moreno. Y en otros documentos que archiva la asociación para la Memoria Histórica: Tribunal Especial para la Represion de la Masoneróa y el Comunismo | Descripcion: Ficha de encausado de Julián Pinto Uriarte | Fecha: 1940 | Referencia: TERMC, Fichero 71, Documento 2330432 – Fichero de la Seccion Politico-Social | Fichero 52, Ficha P0126692.


Ana María Pinto, nieta de Julián, junto a Amaia y Ramiro, en el monumento que recuerda la represión militar tras el golpe de Estado. El abuelo de ella, Julián, ejecutado en un pelotón de fusilados. Sus hermanos Ramiro y Vicente parecieron prisión en San Marcos – León. Los tres, junto a más familia, visitaron el lugar en junio de 2024,
haciendo el recorrido de la Ruta Pinto
en unas jornadas a las que se convocó a los Pinto de León.

Una foto que envió a su hermana pequeña, Lola, con una dedicatoria irónica, que ella no se tomó muy bien y la borró. De mayor Lola Pinto ;aestro contaba que no le gustaban
esas bromas: «Recuerdo a mi niña, la más fea de las feas feas»
O por ejemplo en el trabajo de Jesús Román Román y Juan Manuel Guijo Mauri de Noviembre 2016: El día de año nuevo su cadáver apareció en los alrededores de la plaza de toros. Otro caso similar fue el de Miguel Mora Marín, hijo del alcalde socialista de Tarifa, que fue asesinado el 11 de agosto. Milagros Rendón Martell, Julián Pinto Uriarte y Manuel López Moreno también estaban entre los detenidos. Los tres eran destacadas personas del mundo sindical y político gaditano.
Hay dos versiones que contó la tía. Una es que no quiso implicar a la familia, «por lo que tuvo algo de corazón». Otra, que su madre Dolores le prohibió que usara sus apellidos y renegó de él como hijo. Al volver de Rusia pasó por León en secreto para despedirse de sus padres. No consta que supiera ningún idioma. ¿Cómo se las apañó?, la tía respondía que era un aventurero y que era capaz de engatusar a cualquiera. Esta imagen contrasta con las cartas que escribe Julián, donde entre otras cosas reniega de que se quemen los «monumentos», referido a las iglesias. Por un lado esta versión tendenciosa de quienes contaron la historia en el seno de la familia y por otra el silencio de su esposa por miedo.
Paralelamente a esto al conocer a Encarna y ser novios, ésta escribía a la familia desde Granada. Después de que volviera de Rusia, Julián la dejó al conocer a Ana Ruiz Rodríguez, de Cádiz adonde se fueron a vivir después de que se casaran el año 1934. Encarna siguió escribiendo al padre de Julián y a sus hermanas Polo y Lola, que la habían considerado como de la familia. Esta separación la llevaron muy mal los familiares de León. La tía Lola decía que su hermano «fue un inmoral». Hasta tal punto que cuando mi hijo mayor se separó de una chica con la que se emparejó sentenció, muy enfadada: «¡Quien deja a una mujer lo pagará en esta vida!» Iremos viendo los diferentes posicionamientos políticos de aquella generación en esta familia Pinto, todo lo cual se une y confluye en el recuerdo. Estas opiniones representan dos mentalidades enfrentadas, tanto dentro de la familia como en la sociedad.
Ana Ruiz tiene su peculiar historia, que me cuenta la nieta de Julián, Ana. Era hija natural de un rico bodeguero de Jaén. En aquellos tiempos no estaba bien visto, fue cuidada en la familia de un boticario. La educaban para que se casara con alguien de alcurnia que le pudiera dar un apellido noble. Pero ella se enamoró del hijo de un consignador (representante de los bancos para negociar el cargamento de los trasportes). Y se casó con él: Antonio. Una hermana de ella se llamaba Araceli.

Representa el romanticismo de los Pinto.
Julián fue perito mecánico y militante del Partido Comunista de España (PCE.) Trabajó en una naviera, que le despidió, junto a otros obreros. Encabezó el Sector de la Unión Local de Sindicatos. Denunció a la empresa y ganó el pleito, de manera que le tuvieron que indemnizar. Algo inusual en aquellos tiempos.

A los Pinto Maestro siempre les gustó llevar puesta la boina,
como seña de identidad de León.
El 12 de mayo de 1931 fue procesado por un Juez Militar de Cádiz por «estar complicado» en un robo y saqueo sacrílego, así acusado de robos e incendios de iglesias y colegios. Nuevamente otro juicio el año 1933 por desobediencia al gobernador civil. Fueron tiempos convulsos. En cartas que escribe a su mujer explica que no entiende que pasen estas cosas de las que se le acusa, llamando a los templos «monumentos».

El 16 de noviembre de 1933 en el periódico «Ahora» de Madrid (cuyo precio era 20 céntimos) se informa de una candidatura para las elecciones a las Cortes en las que Julián está en la lista de la candidatura del Frente Único para diputados por Cádiz. Aparece como metalúrgico comunista, junto con sus compañeros, que uno es médico comunista, otro socialista disidente y una mujer: cigarrera obrera. A esas mismas elecciones se presentó su hermanos mayor, José Pinto, por León, anunciándose en el mismo ejemplar del periódico. Lo hace por el Bloque Republicano Centrista Leonés. Lo hace con otros dos abogados conservadores y un notario progresista.

Las fuerzas golpistas aterrizaron en Cádiz, procedentes de Marruecos en avión, el 18 de julio de abril de 1936. Supuso el primer puente aéreo que hubo en España, financiado por March, dueño del banco familiar, fundado el año 1926 por Juan March Ordinas. En Palma de Mallorca. Primer dueño del banco que lleva su nombre.

El Partido Comunista se presentó en las elecciones de 1933 en el llamado
‘Frente Único Revolucionario’, donde participa Julián en la provincia de Cádiz.
«Ante el rumor de golpe de Estado, ese día 18 de julio de 1936 la hija del gobernador civil, Milagros, fue a buscar a su padre, con la ayuda de Julián. No lo encontraron.» Ella también sería fusilada un mes después. La noche del 18 al 19 de julio un grupo de personas participaron en la defensa del Gobierno Civil, tal como consta en el acta del Consejo de Guerra sumarísimo. Por la mañana fueron reducidos y detenidos. Quienes apoyaron al gobernador Civil no pudieron disipar a los militares rebeldes. El día 18, sobre las 15 horas, el ejército había salido a la calle. El Regimiento de Artillería y el de Infantería declararon el estado de Guerra. Mientras unos de los contingentes leían y fijaban por las calles y en las plazas los bandos, otros más numeroso rodearon el Gobierno Civil. «El general López Pinto fue quien declaró el bando de guerra en Cádiz a favor del Alzamiento. Quienes se encontraban en aquellos alrededores silbaron y abuchearon fuertemente al ejercito, mientras seguían los disparos contra el pueblo.»

Julián fue hecho prisionero en el barco “Miraflores”, un barco carbonero que se encontraba fondeado en la bahía. El 8 de agosto fue trasladado a la cárcel de Cádiz. Le tomaron declaración al día siguiente. Fue procesado por el jefe de la tropa, José López Pinto. Entre los cargos contra él se le acusó de ser «un destacado militante comunista» y «participar en la defensa del Gobierno Civil, haciendo fuego contra las tropas que lo sitiaban». Fue condenado y fusilado a los pocos días: el 16 de agosto de 1936. Careció de toda posibilidad de una defensa jurídica. Iba a ser ejecutado el día 15, pero por ser el día de la Asunción de la Virgen lo retasaron al siguiente. Lo pasaron por armas a las 18 hs. en uno de los fosos exteriores de Puerta de la Tierra de la prisión de Cádiz. Actualmente (2020) han puesto en este lugar una lápida con los nombres de los fusilados. También, sucesivamente, al médico y ex-diputado por el PSOE Rafael Calbo Cuadrado detenido el 10 de agosto por insurrección; el capitán de fragata Tomás Azcárate; el que fuera secretario particular del gobernador Zapico, Antonio Macalio; el capitán de Infantería y excomandante de la Guardia Municipal, Antonio Muñoz Dueña. Julián consta como «obrero metalúrgico de filiación comunista». Él y otro más se negaron a tomar la comunión. Firmó el parte de ejecución también el general López Pinto. La fosa en la que les enterraron fue sellada. Años después sacaron los restos para el osario del cementerio municipal. Cuando lo cerraron fue trasladado al nuevo cementerio mancomunado, en donde hicieron un monumento a todos los enterrados allá.

Un cuadro en casa de Anita, con una plaza de Cádiz que lleva el nombre de Pinto, sin saber que fue el general que participó en el fusilamiento de su padre. Un lugar típico de esta ciudad, más conocido como la Plaza del Tío de la Tiza, en homenaje a la figura de Antonio Rodríguez Martínez, importante y reconocido personaje del carnaval gaditano, y que siempre apuntaba con una tiza lo que iba a tomar en el bar. La calle es en homenaje a José López Pinto Berizo, oriundo de Cartagena. Apoyó el golpe militar a las órdenes de Queipo de Llano. Tiene también una calle en su tierra natal, donde el año 2016 se cambió de nombre por la ley de Memoria Histórica.
Lo que la familia Pinto hemos solicitado al ayuntamiento de Cádiz.
Fue el primer fusilamiento no militar de la Guerra Civil tras el golpe de Estado. El 4 de agosto de 1936 fueron fusilados en Ceuta tres aviadores que se negaron a pilotar un avión con el fin de dar un golpe de Estado. Uno de ellos fue el primo de Fanco Ricardo de la Puente Bahamonde, cuya sentencia militar no firmó el general Francisco Franco Bahamonde, sino el general Ordaz. Sí la de los otros dos sublevados. Franco había sido trasladado desde Canarias a Tetuán en un vuelo secreto pilotado por un aviador inglés, Cecil Henrry Bebb. No podían atravesar el estrecho con barcos porque el mar estaba controlado por la Repíblica, pero no tenían flota de aviones suficientes, pero tras no lograr el apoyo de la Italia de Musolini, sí la de los alemanes, con un empresario alemán, que aceptó el pago de 12 millones de pesetas, por un contingente enorme, que se pagaría después. Intervino Rudof Hess para convencer a Hitler, a quien comunicó la noticia durante la opera wagneriana Walkiria, de ahí que se llamara operación «Fuego Mágico», tercer acto de la misma cuando oyó la propuesta, que sería el germen de la Legión Cóndor.

El año 1939, acabada la guerra el marido de una amiga de Ana Ruiz, viuda de Julián Pinto, el señor Rafael Cordero Rodríguez, escribe al suegro de ella, Cristiano Pinto Uriarte, para solicitar que la favorezca, una ayuda económica, pues no es suficiente lo que pueden sus amigos. Su padre hasta que murió le ayudó. Ella trabajaba de costurera, pero enfermó. Le enviaron algo de dinero y a pesar de seguir carteándose con la novia primera, Encarna, le ayudaron por caridad cristiana, enviando algo de dinero periódicamente. Seis años después iría la hermana pequeña, Lola, a Cádiz para conocerla esa parte de la familia. Posteriormente , ya pasado un tiempo, iba Polo a Málaga a estar con ella y la hija Ana unos días. Y años más tarde también la tía Lola, visitando a Ana Pinto Ruiz con sus hijos.



El año 1948 Cristiano dio una limosna por el alma del difunto Julián Pinto Maestro, su hijo, a la Obra Seráfica de misas para la salvación de su alma. Un año después lo mismo sus hermano Cristiano y José. En 1954 la dieron Lola y Polo, también por su otro hermano César que murió al final de la contienda, defendiendo al otro bando.



Año 1939, Lola Pinto Maestro, escribe a sus padres desde Cádiz, adonde a ido a ver
a la mujer de su hermano fusilado el año 1936, y a sus sobrinos, para conocerlos, indicando que Ana es muy atenta.
Julián se casó el año 1934 con Ana Ruiz Rodríguez, de Cádiz. Tuvieron dos hijos, Julián (Cádiz, 1934) que murió a los cuatro años por icteria y Ana Pinto Ruiz (Cádiz, 1935) Ana Ruiz al quedar viuda se casó años después con Manuel Lagosten con quien tuvo un hijo: Manuel que murió a los treinta y un años. Se había casado con Aurora y tuvieron tres hijos: Aurora, Manuel y Cristina. Aurora se fue a vivir a Alcalá de Henares.
Ana (Anita) se casó con Antonio Rodríguez y tuvieron seis hijos: Ana María, Antonio Julián, Juan José, Manuel, Araceli y César.
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