Fue conocido como Pepín (León, 1926 / 14 – XII – 1988). Hijo de José Pinto, un personaje en la ciudad de León. El segundo hijo estudio violín. Su hermano mayor, Cristián, destacó como músico y pintor, aunque muriera muy joven. Pepín estudió en los Agustinos.

El día de su primera comunión, con una foto del famosos Pepe Gracia.
Hizo la carrera de Derecho en la universidad de León, licenciándose como abogado, pero ejerció muy poco. Interesado en la mitología de Grecia, que conoció al dedillo y realizó algún programa de radio sobre la misma, quiso ejercer el periodismo, escribiendo en el periódico «Proa», pero sin constancia, y de paso.

con la que celebran su centenario.
Se casó con Carmen del Fraile Temprano, Carmina, una mujer de Valderas – León.
Sus dos hermanas: Susana y Rosario.


Pepín con su tía Polo (la segunda por la izquierda) y unas amigas de ella.
Facsímil, año 1953, en el que alega una sepultura digna para el rey Alfonso VI, enterrado en Sahagún. La propuesta de José Pinto, siguiendo la estela de su padre que insistió en ella como abogado y así lo refiere, es que sus restos sean llevados al mausoleo de san Isidoro, junto a los demás reyes de León. Lo cual no se ha conseguido, sí hacerle una sepultura a él y a sus esposas e hijos, en el monasterio de Santa Cruz, Sahagún – León. Entre otras razones porque las monjas benedictinas, encargadas de custodiar la sepultura no quisieron el traslado para respetar la voluntad del rey que quiso
que fuera en esa villa donde descansaran sus restos.

Esta historia sigue viva hasta nuestros días sobre la sepultura del Emperador leonés:
El año 1877 aparecen en Sahagún los supuestos restos del emperador Alfonso VI, que resultaron ser de otro personaje. Alfonso VI murió en Toledo la noche del 30 de junio al uno de julio de 1109 y fue enterrado en el monasterio de Sahagún el 12 de agosto de ese mismo año junto a los restos de tres de sus esposas (Inés, Constanza y Berta) además de Zayda o Zaida (Isabel), una princesa andalusí, concubina del rey. Investigaciones realizadas en los últimos años detectan en los enterramientos la presencia de, al menos, dos individuos más y hasta un máximo de diez, además de restos de fauna. Decir, en este sentido, que el esqueleto del monarca está incompleto. Una ex monja oyó que sus restos estaban en la capilla de Nuestra Señora y su esposa en la iglesia Madre Benedictina. Es aquí donde actualmente reposan los restos de
Alfonso VI el Bravo, que unió los reinos de León y de Castilla, reposan junto a su esposa
a los pies del templo, en un arca de piedra lisa y cubierta de mármol moderno. Sus restos Estos restos fueron inicialmente enterrados en el monasterio de los santos Facundo y Primitivo de Sahagún y, tras la desaparición del monasterio, fueron trasladados en 1835 al monasterio de Santa Cruz. En ese lugar descansaron hasta la desamortización, cuando en 1835 el abad de San Benito, en secreto, trasladó los restos en dos cajas al vecino monasterio de Santa Cruz. El secreto sólo fue transmitido de una abadesa a la siguiente hasta que se perdió por el prematuro fallecimiento de una de ellas. El año 1908, al realizar una obras en el monasterio, se encontraron de nuevo las dos cajas. En los años 1910 y 1999 se realizan sendos estudios de autentificación y clasificación de los restos. El año 2021 el escultor Amancio González fue el artista encargado de esculpir en mármol la sepultura, casi 950 años después de su coronación como rey y emperador de León. En diversas ocasiones los restos estuvieron a punto de abandonar el monasterio con destino a los panteones reales de San Isidoro en León y del Escorial pero el tesón de monjes y monjas y el apoyo popular lo impidió. Actualmente los restos reposan en una caja de madera dentro de una sepultura de mármol en la iglesia del monasterio.
Escribió sobre cuestiones históricas de León. Queda constancia de un libro que escribió: «Historias y leyendas leonesas» (León – 1957), con siete capítulos:
– La ciudad Flor.
– Doña Estefanía Alfonsez.
– Lycinia Atia. El primer nombre de mujer del que hay constancia en León, que apareció en la inscripción de una tumba.
– La condesa doña Sancha.
– Nuestra Señora del Dado.
– El secreto de la reina doña Sancha.
– El infante don García.

El año 2025, una casualidad muy curiosa. hablé con José Antonio Vallejo Aller, autor del libro «Cuentos para leer durante un naufragio», del que hice el prólogo. Resultó que fue compañero de José en el colegio de los agustinos de León. Recordó otros nombres: Joseato (J. Antonio) y Paco Mareo. Dice que era muy inteligente, que sacaba casi todas las asignaturas con matrícula de honor. No volvió a saber de él, con lo amigo que fueron, pues Vallejo estuvo fuera de León.

Según escribe en el prólogo lo hace para esparcimiento del lector y fomentar el amor por León, donde nació y como homenaje a su padre que le enseñó a amar su tierra. Más que leyendas considera que son tradiciones, algunas perpetuadas en los romanceros.


delante del edificio de Botines.
Al fondo el palacio de los Guzmanes, hoy Diputación de León.

Tuvo problemas con la bebida, lo que le hizo mentir para pedir algo de dinero y endeudarse. Padeció una enfermedad mental, que entonces se diagnóstico como «vejez prematura». Estuvo ingresado en el hospital psiquiátrico de León, «Santa Isabel». Fui a verle una vez a la semana, en un estado muy deteriorado. Después estuvo en su casa sin conciencia de sí mismo hasta que murió.


Al otro lado su esposa, Carmina. R.I.P.
