* Cristián Pinto Ferrer

Un artista desde muy joven, con grandes aptitudes para la música y la pintura. A pesar de morir muy joven, con 23 años (León, 1924 / 6 – IX -1947) dejó constancia de su valía y testimonio de su familia, la cual fue retratada en cuadros de pintura por él. A lo largo de esta historia de los Pinto se pueden ver muchas de sus obras pictóricas.

Cristián, a los tres meses de nacer.

Desde muy pequeño destacó por su afición al dibujo y a la pintura. Fue discípulo de Demetrio Monteserín en la academia de pintura en la calle Condesa de Sagasta. Su maestro dijo de él: “Fue un hombre adelantado a su tiempo, además de pintar con una técnica muy avanzada«. Este maestro tiene una calle en León, en el Barrio la Sal, muy cerca de la de José Pinto Maestro.

«Las tres Gracias», el primer cuadro, que se tenga constancia de Cristián.
Parece ser que se metió en una habitación, sin querer salir.
Cuando vieron lo que hizo se dieron cuenta de sus cualidades.

Logró el tercer premio de pintura en la exposición de feria de Muestras de Gijón el año 1946, y el primero de la exposición de la universidad de Oviedo. Un año después murió (1947) a causa de una hemorragia pasados tres días de haber sido operado de anginas.

Cuadro que pintó a muy temprana edad.

Fue un virtuoso del violín y supo tocar el piano. Tocó la viola en la orquesta de Odón Alonso (padre). La escultura enfrente del Auditorio aparece Odón padre, con su hijo Odoncito, Odón Alonso Ordás, que luego sería otro gran director de orquesta y el otro niño que aparece sentado, mientras que atiende las lecciones es Cristián.

Cristián de papón de la cofradía del Dulce Nombre.

Un recuerdo sobre Cristián en su labor por la cofradía
y un reconocimiento para el recuerdo, en el que se resalta su creatividad.

Falleció el mes de septiembre de 1947 cuando estaba finalizando 5º curso de Derecho. Su historia es una especie de destino romántico. Mi padre contó que Cristián se sentía triste, porque le hicieron estudiar una carrera que no le interesaba, pero que se matriculó por amor, para poder formar una familia. Enamorado de Lola de la Vega, Mª. Dolores de la Vega Alvárez, escribió poesías dedicadas a ella y se escribieron cartas.

Escultura de Odón Alonso padre, impartiendo clase a su hijo Odoncito
y a Cristián.

Compuso piezas musicales, casi 70 años después un músico canadiense está componiendo estos textos musicales, de gran belleza. Su sobrina, Marina Pinto, hace un trabajo de recopilación y estudio que recoge en este enlace de su blog.

El padre de Cristián le instó a estudiar Derecho, para que no viviera del aire. A su primo Ramiro Pinto Díez le contó que no le gustaba la carrera que estudiaba. Tuvo un carácter melancólico.

Autorretrato.

Recordaba Lola de la Vega, tristemente, el día que falleció Cristián. Fue con sus padres a la casa de San Andrés, donde estaban esos días. La madre de Cristián, doña Agustina, no paraba de repetir que qué tristeza a lo que tenían que haber ido los tres a su casa (se entiende que a formalizar un compromiso) y a lo que iban. Fue una tragedia para ambas familias que tenían mucha relación, cuenta su hija Beatriz.

Lola de la Vega y Cristián.

Al morir Cristián, Lola de la Vega se casó con un compañero de trabajo de su padre, José Pinto Maestro (según contaba la tía Lola): Eduardo Cureses y tuvieron tres hijas. Él era abogado, ejerció un tiempo pero no le gustaba y opositó a Técnico de la Administración Civil del Estado. Fue Director Provincial del Ministerio de Educación en varias provincias -antes les cambiaban mucho de destino- y finalmente en León.

Foto dedicada.

Lola de la Vega estudió en Madrid, nos informa su hija Beatriz, -se fue allí nada más acabar el bachillerato a la residencia de estudiantes que tenían allí las Teresianas.- Fue licenciada en Pedagogía, año 1955, (una rama encuadrada entonces en Filosofía y Letras.) Lola de la Vega contaba que don José Pinto insistía mucho en que ella hiciese la tesis sobre el origen leonés del lenguaje castellano para callarle la boca a Menéndez Pidal, para quien el castellano había nacido en La Rioja. El castellano, según este filólogo e historiador, actúa como una cuña que se introduce entre los diversos dialectos latinos que se hablaban en la Península. Según Pepe Pinto, en León fueron sus habitantes muy respetuosos con el latín, en cambio el castellano lo rechazaban y avanzó con soluciones lingüísticas que establecen el idioma castellano que acabará imponiéndose.

Una vez acabada la licenciatura en Pedagogía sacó el título de Magisterio porque le convalidaban casi todo. Recién finalizada la carrera opositó al cuerpo de Directores Escolares (Directores que el Ministro Maravall suprimió hacia 1987 con la LODE), pero era un cuerpo de funcionarios del Estado al que tuvieron que respetar sus derechos, sueldo, etc. Según el Boletín Oficial de las Cortes Generales, 13- IV – 1987, fue nombrada colaboradora técnica en el Servicio de Orientación Escolar y Vocacional de la Provincia de León. Nombramiento éste para el Centro de Enseñanza de Profesores, siendo el destino que le dieron. Les ofrecieron la opción a quedarse de directores donde estaban, pero siguiendo unas instrucciones que no aceptaron. Se fueron todos los directores de todos los colegios nacionales de León excepto la directora de el colegio San Claudio. En la actualidad el director de un colegio es uno de los maestros, pero antes no era así. Lola de la Vega nunca dio clase, se ocupaba de la dirección del centro y de la coordinación de todas las unidades. Fue directora en Madrid – para donde sacó plaza en las oposiciones – del colegio Concha Espina unos años y luego pidió el traslado a León, donde dirigió el colegio Ponce de León desde 1960 hasta 1988.

Lola de la Vega, en el centro con chaqueta clara y camisa blanca. Año 1972.
Con un grupo de alumnas siendo directora en el «Ponce de León»

También tenía la carrera superior de piano. Murió el 31 de octubre de 2011. Guardó siempre un retrato, color sepia, de Cristián en porcelana de pequeño tamaño.

Lola de la Vega y Cristián Pinto paseando por lo que en la actualidad,
ochenta años después, es la plaza de Santo Domingo. A mediados de los años 40.

Lola de la Vega mantuvo una estrecha amistad con la familia Pinto a través de doña Agustina, la madre de Cristián y de dos tías de éste: Lola y Polo. Recuerdo ver a Lola de la Vega en silla de ruedas. Mi padre y la tía Lola siempre recordaban su belleza de juventud. Fue maestra y directora de un colegio en Madrid durante unos años. La conocí cuando andando por la calle, al final de la calle Ancha, cerca de la catedral, y me llamó para preguntar si mi apellido es «Pinto». Le dije que sí. Me interrogó sobre si de la familia de don José Pinto Maestro. Le conté mi parentesco. Quizá ella ya me conociera de oídas. No lo sé. Pero me dijo que lo sospechó por lo ondulado de mi cabellera, por entonces bastante lustrosa, que le recordó a la de los Pinto.

Procesión del Corpus Christi. En la plaza mayor ante e Consistorio.
Escrito que publica e un periódico, para memoria de Cristián,
su profesor de dibujo Demetrio Monteserín.
Dibujo para revista de semana Santa.
Dibujo de Cristián
Dibujo de Cristián

Sea en su memoria lo que recobre vida en el recuerdo.

75 años después es recordado en la prensa leones. La Nueva Crónica de León, 19 – 3 – 2022

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