José Tomás Pinto Maestro, el tío Pepe, Pepe, don José Pinto. (León, 1893 – 1952) Así fue nombrado en sus diversos aspectos de la vida. Es el único de sus hermanos que se bautizó en la iglesia de Santa Marina. Los demás, todos ellos y a muchos de la generación posterior, se les dio este sacramento en la Iglesia del Mercado. Fue la suya una vida trágica marcada por la muerte de dos hermanos y dos hijos, a la vez que expresó y contagió entusiasmo por su gran pasión de vida: León. Podemos ver reflejada su manera de ser tal como retrata a los leoneses la novela “La Pícara Justina”: “Moridos de amor por su tierra”. Así lo definía su hermana pequeña, la tía Lola, de quien he sacado gran parte de esto que cuento. Una persona con grandes inquietudes, con una historia personal, que narraremos, en parte de lo que él contó a sus allegados, que he recibido de su hermana Dolores, la tía Lola y referencias que perviven en noticias de prensa, al convertirse en un personaje de León. Inculcó a su familia la importancia del apellido Pinto.


Carta que recibe el año 1927 según marca el matasellos, recuerdo de la coronación de l rey Alfonso XIII. La firma Adolfo. Pepe se queja de que en León la vida es aburrida
y quien le escribe que donde él está es monótona…
Fue maestro, ejerciendo en Lorenzana y Benavides de Órbigo durante cuatro cursos. Estudió derecho en Oviedo (1926) y también trabajó de abogado, pero más intervino de periodista por vocación, en la sociedad leonesa. En el ejercicio del Derecho fue vicepresidente de la empresa minera “Hullera Carmen S.A.”, «es lo que le permitió llevar los garbanzos a casa».

Apasionado por León y sus procesiones, como tradición e historia que quiso mantener y recuperar muchos rituales que dejaron de hacerse, así como algunas fiestas que se habían olvidado. Por ejemplo restaurar “La fiesta de la alegría”, cuya procesión salió en los actos de la festividad de Pentecostés el año 1941, dejando una imagen su hijo Cristian en un cuadro. Éste pintó también un paño de la Verónica expuesto en el paso del Dulce Nombre. El año 1952, meses antes de morir, logró estrenar un nuevo paso en la procesión de esta cofradía: La oración en el Huerto, hecha por Víctor de los Ríos. Según cuenta don Carmelo Hernández Moro, 1952, también dio vida al triduo y al Nazareno de Luis Salvador Carmona. En su abadía (cuando fue abad) hizo salir el paso del Santo Cristo que procesiona desde entonces.

Como papón José Pinto, junto con algunos de sus hermanos y su hijo mayor, colaboró en las procesiones de León de manera entusiasta. Fue abad de la cofradía Dulce Nombre de Jesús Nazareno los difíciles años 1931, 1932 y 1933. El año 1940 ingresa en la Junta de Seises de Nuestra Señora de las Angustias y Soledad, siendo el primero en darse de alta tras una década en la que no se había apuntado nadie, estando en trance de desaparición. Ochenta años después se ha convertido en un referente de la Semana Santa leonesa. Fue Abad en Las Angustias entre los años 1941 y 1942, lo que hace que se le considere el “abad de la refundación”. Dos años después promovió la Comisión Profomento de las Procesiones de Semana Santa de León, precursora de lo que en la actualidad es la Junta Mayor. Desde la cofradía de Angustias y Soledad adquirió lotería nacional por un valor de 30.000 pesetas (180 euros actuales, pero de un valor equivalente a 600 euros) para vender participaciones y recaudar dinero para reformar las imágenes, así como hacer una campaña para contar con más brazos para pujar los pasos (llevarlos a hombros.)

Dibujo de Cristián Pinto.

Poema dedicado a las procesiones de León. El dibujo es de su hijo mayor Cristian.
Fue hermano de la Muy Imperial y Real Cofradía del Milagroso Pendón de San Isidoro, de la cual su hijo tocayo, José Pinto Ferré fue escribano de la misma. En sus orígenes el monarca indicaba quien llevaba el pendón, que sólo éste podía tocar, por respeto a llevar el polvo y la sangre de la batalla de la que fuera símbolo y referente para los soldados, de ahí la palabra “Abad”, las iniciales de “abanderado”. Esta palabra, “abad», sin embargo tiene otro significado que proviene de “Abbad”, palabra hebrea que significa “padre”, siendo referencia al superior de un monasterio que se llamará por eso “abadía”. En las cofradías, según estudió José Pinto Ferré, el abad hace referencia a quien lleva la bandera, el pendón, “abanderado”. Luego por similitud y por referirse a un cargo jerárquico se usó la palabra “Abad” para designar al mando de cada año, o Hermano Mayor. El pendón no podía inclinarse ni ante la puerta de la catedral, por lo que o entraba por una de las ventanas alargadas o se desmontaba para colocarlo nuevamente una vez dentro. Fue este pendón de la cofradía, el de san Isidoro, la bandera y seña de la batalla por la conquista de la ciudad de Antequera. Un símbolo que logró unir a los nobles y al rey Fernando el Católico, que andaban en permanentes disputas. Conquistar Antequera fue el paso decisivo para la conquista de Granada.

Ha sido único papón que ha ostentado el cargo de abad tres años seguidos, unas fechas difíciles en las que nadie lo quiso ser debido al clima de inseguridad para el tema religioso. Las celebraciones se hacían dentro de las iglesias o en su entorno inmediato, exponiendo las imágenes, pero ocultándolas durante la noche para que no fueran destruidas. Sobre todo el año 1932 con la II República en marcha se celebraron a puerta cerrada. Hubo un antecedente sobre prohibir las procesiones con la Real Cédula del 20 de febrero de 1777 mediante la cual Carlos III alegó que no son edificantes ni verdaderamente devocionales.

José Pinto no aceptó esta condición de tener que esconder algo para él ¡tan leonés!, casi tanto como de sagrado. Y las procesiones salieron esos tres años. La respuesta está en un secreto familiar que desvelo, el secreto de los Pinto, pues ya es un asunto superado y cuando se lo cuento a mis hijos confidencialmente ponen gesto de “¡a mí qué me importa!” Ha sido uno de los misterios más grandes de esta ciudad, que siendo niños nos hizo temblar a mis hermanos, primos y a mí. Lo contó José Pinto, y yo se lo he oído contar a mi tía Lola, su hermana pequeña y corroborado por mi tía Polo, la octava hermana. Y es que Buenaventura Durruti se alojó alguna vez que fue a Francia en casa de Carlos Pinto, hermano de José. Una vez que vino a León, siendo del barrio de Santa Ana, colindante al del Mercado, del que fueron los Pinto, bautizados todos los hermanos en su iglesia y gran parte de sus hijos posteriormente. Las madres de ambas familias fueron muy beatas. José le dijo a Buenaventura que era una pena que sus madres se quedaran sin ver algo que para ellas era una devoción y que las habían visto desde que son pequeñas. Que para quienes tienen fe es algo muy importante. Durruti le prometió a José Pinto que saldrían, que no se preocupara y mandó a dos compañeros (“pistoleros” les llamaba la tía Lola, quizá para dar más emoción y porque aseguró que iban con una pistola debajo del hábito, por si acaso) que fueron vestidos de papones. Se había llegado a un acuerdo con la autoridad, el gobernador civil, que a la mínima algarada se retiraba la procesión. Se cuenta que la entrevista con la autoridad provincial fue un tanto exaltada. Sin decir lo que había pactado con el anarquista leonés, dijo que aseguraba que no iba a suceder nada. Y que con tal motivo expresó: «¡A ver si tenía huevos de no dejarla salir!», porque prohibida ya lo estaba por una ordenanza a nivel nacional. Estos anarquistas escondían una pistola debajo de los hábitos, y al más mínimo intento de alboroto la movían y hacían señales de que estaban allí, que “quietos”. Puede ser una contradicción llevar un arma al lado de la cruz, pero no menos que los exabruptos que lanzaron para que saliera. Con los rifirrafe se oía decir a los papones «¿Cómo no va a salir?, ¡me cago en Dios!» Aspecto éste muy cazurro de esta tierra que lo han contado muchas personas que vivieron aquellos años. Cierto o no, fue el único lugar de España en la que salieron las procesiones recorriendo las calles de la ciudad. Este hecho que no se cuenta en las biografías del anarquista, pues se trató de un secreto, pero un dato biográfico es que en su niñez, Buenaventura Durruti fue monaguillo de su parroquia. Lo cual tampoco se dice. Nada significativo, pues sería a instancia de sus padres en la inmadurez propia de la infancia.


El año 1999 en la revista “Transeúntes”, don Ramiro Ramos, abad del Dulce Nombre el año 1946 declara: “Inolvidable José Pinto, cultísimo y temperamental, gran leonés del barrio del Mercado; Su ley de oro es que mataba por las cofradías”. Cuenta que al salir el año 1931 la procesión del Dulce Nombre, le dijeron que a ver si era tan cojonudo y sacaba también a la de Minerva y Vera Cruz. Sus responsables la sacaron a la calle, sin que tocase salir y sin “protección”, lo que provocó una algarada, con incidentes tales al ponerse a cantar un grupo cerca de la plaza de santo Domingo, que hubo que sacar las horquetas. Un tal señor Espinosa resultó con una costilla rota.


nieto de Pepe e hijo de Ricardo.
El año 1928, José Pinto, fue elegido concejal del ayuntamiento de la ciudad de León. Su lema fue: “León por encima de todo”. El año 1933 se presentó a las elecciones para ser elegido diputado por León, pero no consiguió los votos suficientes.
Formó parte de la Comisión de Monumentos, año 1923, para promover la restauración y protección de los edificios emblemáticos de la ciudad junto a Miguel Castaño (alcalde) y Fernández Llamazares (abad de la Colegiata de S. Isidoro), Fortunato Vargas y Zamora, Juan C. Torbado, Publio Suárez, Félix Argüello y Vigil (presidente de la Diputación provincial en 1929.) Junto con Manuel Fernández (de la banda de Música Municipal) fue el autor del Himno de la Fiesta del Árbol. Participó en las tertulias del café Victoria, cuyo ilustre camarero, Joaquín Colín, recordó sus intervenciones, refiriéndose a ellas como de una gran oratoria, «daba gusto oírle». “Hablaba con mucha pepita”, decía la tía Lola.

Acta en que es elegido para formar parte de la Comisión
pro cofradías de Semana Santa.

Escrito en La Nueva Crónica, 19 de marzo de 2022, donde al final
se hace alusión a este cuadro y su periplo.
El año 1934 fue uno de los impulsores del Grupo pro León. Ese mismo año la institución regionalista el Orfeón Leonés (la masa coral más antigua de España, creada en 1886 y registrada como tal en 1888, con la inauguración a la par del Círculo de Obreros Católicos) estrenaba el Himno a León*, con letra de José Pinto Maestro y música del bañezano Odón Alonso González (padre) siendo éste el director del Orfeón. José Pinto fue presidente del mismo, el año 1927, estando su sede en el edificio que hoy lo es del banco BBVA en la plaza de santo Domingo. El himno de León fue una canción popular que se cantó por primera vez en las Justas que se celebran en Hospital de Órbigo, el año 1934.

En Hospital de Órbigo celebrando las Justas, cuando se hizo sonar
por primera vez el himno de León.
Cuarenta años después el ayuntamiento le declaró himno de la ciudad de León, que se estrenó de manera oficial el año 1978 en la plaza del Grano durante la fiesta de san Froilán con los carros engalanados.


y Cristián Pinto a quienes impartió clases de violín.
Situado frente al Auditorio de León.

El que fuera luego el himno de la ciudad de León se estrenó con motivo de la solemne celebración del quinto centenario de la gesta del Paso Honroso en el V centenario de las Justas de Suero de Quiñones en Hospital de Órbigo, aunque no fue hasta 1978 cuando se declaró himno oficial de la ciudad de León, uno de los primeros himnos “nacionales” con letra. Como anécdota decir que cuando una comisión municipal del ayuntamiento leonés estuvo en Alemania escucharon la música del himno, ante lo cual se levantaron y agradecieron semejante detalle. Los anfitriones les dijeron que no se trata de ningún himno, sino de una marcha militar alemana. Se quitaron desde entonces los derechos de autor. Un pariente por la parte de los Uriarte, de José Pinto, el sacerdote y músico Manuel Uriarte Blanco, fue el autor, en 1930, de la música del Himno Popular a la Santísima Virgen del Camino.
Algo que no supo la familia, o al menos nada se dijo es algo que se encontró en los archivos que rescató la asociación de la Memoria Histórica: Su expediente en el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo | Descripción: Ficha de encausado de José Pinto Maestro | Fecha: 1940 | Referencia: TERMC, Fichero 74, Documento 2414175. Fichero de la Sección Político-Social | Fichero 52, Ficha P0126530. Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo | Descripción: Expediente personal de José Pinto Maestro. | Fecha: 1948-06-28 | Referencia: Sección Especial de Masonería B, Caja 328, Expediente 14 José Pinto vivió en una casa ilustre en la calle Alcázar de Toledo – León. Pienso que fue investigado, de ahí los documentos, pero en ningún caso juzgado ni represaliado. Quizá fuera sospechoso porque su hermano Julián fue condenado a la pena de muerte y le fusilaron el 16 de agosto de 1936, recién iniciado el golpe de Estado.
Según la tía Lola fue diferente al resto de los hermanos porque le educaron y vivió con sus abuelos, que le permitieron todo tipo de caprichos.
El periodista y cronista de la ciudad de León, Waldaliso Cayón, el año 1978 pidió públicamente una calle para José Pinto, le llama “mosquetero del periodismo leonés”. Años después una calle lleva su nombre, frente a la antigua azucarera, hoy Palacio de Congresos.





(Vista de la calle «José Pinto Maestro», una bocacalle de c/ Orozco, en la acera de enfrente al Palacio de Congresos. Entre las calles La Tercia y la calle Fraga Iribarne. Una acera de la calle Orozco limita con León y la otra con San Andrés.) En junio de 2024 se hizo un encuentro de los Pinto de León con un recorrido por la Ruta de los Pinto de León. Visitaron sus sobrinos nietos y sobrinos bisnietos la calle, como no podía ser menos.
Pepe Pinto fue director del periódico bisemanal “El Porvenir de León”, fundado el año 1883, desde 1918 hasta que se cerró dos años después. Dirigió la revista “Guante blanco”, en la que empezó siendo colaborador. Redactor del semanal científico literario y católico “La Crónica de León” (1922 – 1930) También en “El defensor de León” (1916 – 1926) bajo el pseudónimo de Cyrano de Bergerad. Director del periódico “La Mañana” (1936 – 1939), fundado en 1928. Dejó de editarse once años después. Escribió junto a Lamparilla, Francisco Pérez Herrero y Antonio González de Lama, entre otros. Autor de artículos en “León de España”. También tuvo el cargo de presidente de la Asociación de Prensa Leonesa (1936). Mi tía Lola admiró a su hermano mayor, pero de los periodistas dijo: «Para que un periodista vaya al cielo, pluma y tintero habrán que bailar en sus manos«, a lo que añadía, «que me perdone mi hermano Pepe».

El quinto por la derecha de la primera es Ramiro Pinto Maestro, hermano de Pepe.
En la tercera fila quien porta el ejemplar es Martín, hermano de la mujer de Ramiro.
Salíó de nuevo el periódico ‘La Mañana’, el año 1936, interrumpida su edición unos meses, pues apareció por primera vez en junio de 1928, siendo su director el abogado y maestro José Pinto Maestro. Pero no llegará a finales del año 1939, pese a ser un diario derechista. La Mañana se encuadra ideológicamente en el conservadurismo católico.
José Pinto fue un intelectual, que según su familia, su hermana pequeña, Dolores, era monárquico. Tiene deslices de regionalismo que molestaron a¡l Régimen cuyo lema era «UNA, grande y libre.» Esto explica algunas contradicciones en su labor periodística y que fuera investigado como posible masón. En las crónicas sobre aquellos tiempos leemos: También desde el diario La Mañana José Pinto Maestro, su director desde su fundación en 1928 hasta su ya pronta incautación por los nacionales, participa al inicio de julio (en un número que “ha sido visado por la censura”) de aquella visión del autonomismo como disolvente de la unidad española y retroceso en la tendencia histórica, a propósito de “su desmembración consumada días antes con la votación (sinceramente, o con trampa y cartón) del Estatuto Gallego”, y de la obligada necesidad del de Castilla y León (una vez que Castilla nos asoció a su proyecto de Estatuto), “en el sarampión de las autonomías, para igualarnos con todas las demás regiones españolas, evitando los privilegios y la desigualdad, única forma de conseguir que, ante la inutilidad de las ventajas, todas se sometan de nuevo a la unidad”, y llama, ahora que aquella votación en Galicia puede animar a Castilla a defender en solitario el suyo, “a todos (porque no es cuestión de derechas ni de izquierdas) a que León se prevenga, no por su autonomismo, sino para poder aportarle a la región castellana el prestigio de su personalidad para ser una aliada, a una cruzada cuyo lema es ‘León por encima de todo.”


José Pinto cuando hizo el servicio militar en Melilla. Como se ve en una de las fotos es el año 1915. En una con un papel en sus manos
y en la otra el segundo de la derecha, con compañeros.

Recibió una carta, estando allá, previsiblemente anunciando la muerte de su abuelo
José Antolín, año 1918, por la cruz negra que hay en el sobre.
En la esquela se lee que su nieto D. José estuvo ausente.
José Pinto fue monárquico y liberal, lo que le hizo tener que esconderse en una casa de San Andrés al comienzo del golpe de Estado por los militares el año 1936, comienzo de la Guerra Civil. Había servido como soldado con veintidós años (1915) haciendo el servicio militar, fue jefe de la Estación Óptica de Hans-Sbad de Tetuán (Melilla), donde escribió como corresponsal para el periódico “Heraldo de Gibraltar”. Fue hecho prisionero en Mahón (Menorca) por dejar salir, siendo retén, a un compañero que fue a ver a su novia.

Consta que, siendo director del periódico «La Mañana» le pusieron una multa de 2.000 pesetas, igual que a otros ilustres leoneses, por solicitar el indulto del alcalde republicano Miguel Castaño, quien, finalmente, fue fusilado el 27 de noviembre de 1936. Otras fuentes afirman que la pena fue de 10.000 pesetas por pedir el indulto además de varias personas que iban a ser fusiladas por su republicanismo. También intercedió con su hermano Ramiro, cuando estuvo preso en San Marcos y fue condenado a muerte, cuya pena le fue conmutada el año 1944.
Con inquietudes literarias escribió poesías y guiones de teatro, algunos de los cuales estrenó con grupos de aficionados. Varios títulos inéditos son: “El León que vio la Picara Justina”; “El Filandón” estrenada en 1943; «León y la corte de los reyes leoneses”; y “La mujer de cuando de noche”.

A la esposa de éste la conoció la tía Lola, pues fue maestra.
La tristeza se apoderó de él al morir dos hermanos suyos durante la Guerra Civil, uno en cada bando. Julián Pinto que fue hecho prisionero los primeros días tras el golpe militar, cuando llegaron en avión los legionarios con tropas marroquíes a Cádiz. A las puertas del Gobierno Civil un grupo de republicanos resistieron y tras ser detenidos fueron fusilados el 18 de agosto de 1936. Por el otro bando, César Pinto, teniente de la Legión, durante el paso del Ebro una ráfaga acabó con su vida un 22 de marzo de 1938. Pero aún le quedaban más desgracias.
Padre de cuatro hijos de su matrimonio con Agustina Ferré Llaurens: Cristián, M.ª Dolores (Maruja), José y Ricardo.


Agustina y Pepe posando.

Murió en su León el año 1952, con la pena de ver morir a sus hijos, Marujina con 15 años (Mª. Dolores, 1931 – 1946.)

Y a Cristián con 23 años el mismo mes de septiembre un año después perdió la vida. La hija por una enfermedad, que hoy tiene solución médica, por un problema del corazón que crecía demasiado. Al poco de nacer se lo advirtieron a sus padres. Cristián perdió la vida al poco tiempo de ser operado de anginas, aunque algunos primos suyos dicen que fue por culpa de la tuberculosis.

Al poco de morir José Pinto, el periodista U. Vigil-Escalera escribió sobre él, «al hombre de eterno aire romántico», que ha sabido luchar con dignidad y con temple de hombre de genio: «Los golpes del hombre los desprecia, los de Dios los recibe con resignación».

mientras que su madre cose.




(Tumba de la familia Pinto Ferré, con el busto de José Pinto y unas letras del himno de León.)




Agustina Ferré Llaurens fue hija de Pedro Ferré y de María Llaurens Aspar, de Catalunya, cuya familia llegó allá de Francia.

Una hermana de María Llaurens fue la madre de José Manuel Estepa Llaurens(1926 – 2019), cuyas hermanas, y alguna vez él, fueron a ver a la tía Lola Marne – León. Muy amigo de la familia Pinto, desde que de niño viniera a León, huyendo de su pueblo cuando la guerra civil, debido a que su padre fue alcalde del pueblo en el que él nació: Estepona – Jaén.




Monseñor Estepa


y Ricardo Pinto Ferré (hijo de José Pinto Maestro), 7 de octubre del año 1995.
Pepín Estepa estudió en la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue capellán castrense desde 1986 al año 2003, llegando a ser Arzobispo castrense. El año 2010 el Papa Benedicto XVI le ordenó cardenal. Fue también, entre otros cargos, Gran Prior de la Lugartenencia de la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén para España Occidental.

Monseñor Estepa junto a don Enrique, el párroco de la iglesia del Mercado – León de la calle Puerta Moneda.
Agustina Ferré tuvo tres hermanos: Pedro, Ricardo y Juan. Ricardo se casó con Pilar, con quien tuvo tres hijos: Pilar (Pilarina) en Avilés; Mª. Luz y Ricardo (Ricardín) en Cataluña.)
Juan se enamoró locamente de una prostituta. Su padre no le quiso dejar que se casara con ella, a lo que él amenazó con suicidarse. Si padre, entonces, le dijo que hiciese lo que quisiera, pero que no le quería ver quejarse nunca. Así lo hizo. Ella, no se recuerda el nombre, era, a decir por la tía Lola, un tanto locuela. Se dedicaba a llamar a los timbres del vecindario y salir corriendo. Tuvo un hijo: Pedro Ferré, Pedrito. Ella continuó ejerciendo la calle. Cuando su hijo cumplió tres años ella se fue de casa. Años después la echaron de León. Su hijo quiso saber algo de ella, pero nunca lo logró. Su idea es que pudo ser una de aquellas mujeres que fueron llevadas en barco durante la Guerra Civil y lo hundieron con otras compañeras de profesión, para evitar que se propagase la sífilis, enfermedad de trasmisión sexual que hizo estragos entre los soldados. Es lo que pensó, pasados los años la tía Lola.
Pedrito tuvo una historia muy curiosa. Una auténtica aventura. Cuando murió su padre fue a vivir con Pepe Pinto, pero no paraba de hacer trastadas. Una vez se subió al tejado de una casa de una planta para que no le pillase la policía. No había quien le hiciera recapacitar. Ramiro Pinto Maestro le acogió una temporada, hasta que le llevó a trabajar con él de linotipista en el periódico La Mañana, pero desmontó la maquina pieza por pieza. Vieron que era muy mañoso, pues la volvió a montar y quedó perfecta. Era muy hábil. Cuando la guerra desapareció. Le dieron por muerto, hasta que pasados los años, al cabo de veinte años de finalizar la II Guerra Mundial volvió a León de visita con su esposa. Elegantemente vestido y muy generoso, le fue bien la vida al final. Si le preguntabas por su pasado, se reía y decía «¡el pasado es la juventud!» Estuvo el la Legión en España, en África. Al finalizar la contienda se alistó a la División Azul. Después se apuntó a las SS del ejército nazi, formando parte de la guardia personal de Hitler, durante un tiempo. Yo vi una foto de él saludando marcialmente y con el brazo en lato al fhürer, cuando éste bajaba por la escalerilla de un avión. Fue de los últimos soldados en rendirse. Cuando ya se había suicidado Hitler, resistió. Les rodearon en un callejón a un lado los americanos, al otro los rusos. Quedaron siete nada más, y cuando le hirieron el brazo y le dieron un balazo en el costado se rindió junto a los demás, pero contaba que fueron. lo más rápido que pudieron, a donde estaban los soldados de América, porque no eran tan salvajes como los rusos, que «¡eran comunistas!» Fue echo prisionero.

Le trasladaron a un campo de concentración de Polonia. donde estuvo un año. Al estar desvalido le echaron. Pasó un camión de la Cruz Roja, en el que iba como enfermera quien luego sería su mujer: Lilo. Él contaba que se enamoró de aquella chica rubia, que era alemana, y ésta le correspondió. Se casó tras integrarse en la vida civil. Hizo una carrera de mecánico, parecido a una ingeniería, y vivió el resto de sus días en Berlín -Alemania, con su mujer. Al morir (7 – IX – 2007) dejó escrito que quería ser enterrado con su padre en León, donde están enterrados también la tía Lola, la tía Polo, Marujina, Cristián y Cristiano. Pasado un par de años de su fallecimiento Lilo estuvo ingresada por el Alhzéimer hasta que murió. Pedrito vino, desde que volvió a dar señales de vida pasado mucho tiempo, cada verano a León, conviviendo con su familia Ferré y visitando a la tía Lola. Conducía sin un brazo y sin un ojo y sin un riñón. Siempre preguntó a la tía Lola por su madre, de la que no recordaba nada. Y la tía nada decía, que no se supo de ella, «cosas de la guerra».

junto a una parte de la familia Pinto.
Pedro Ferré Llaurens se casó con Olvido Barrientos González. Tuvieron dos hijos: César y José (Pepín) Trabajaron en un taller. César se casó con Gloria cuyos descendientes son César, Jesús, Jorge y Cristina. Pepín se unió en matrimonio con Ana Mª. Giraldo Montañés (Marisa), hija de Rufo y Segunda. La tía Lola contaba que Rufo se dedicaba a sus negocios y que era muy huraño. Su esposa, María, se iba a ir con otro hombre dejando a sus hijas, cuando él la fue a buscar a la estación de tren, para que volviera: «Anda no hagas el tonto». Y Segunda se quedó. Fue la comidilla de León durante algún tiempo. Los hijos de Pepín y de Marisa son José (también Pepín) casado con Mª. Ángeles (Gelines). Y Carmen, casada con Joaquín, de cuya unión nació Paula, actualmente estudia un máster de comercio internacional en Alemania. Las hermanas Giraldo tienen un par de zapaterías, una de niños («Bambi»). Las hermanas de Marisa son Concha, Carmen y Blanquita. Pepín Ferré Barrientos murió en el tren a la vuelta de un viaje, yendo con Marisa y la tía Lola.
* Letra del himno de León, autor de la letra: José Pinto Maestro:
Sin León no hubiera España,
antes que Castilla leyes,
concilios, fueros y reyes,
dieron prestigio a León.
La fama cantó su hazaña
con clarines de victoria:
¡León escribió la historia
de Covadonga a Colón!
Con su sangre a torrentes vertida
dio a la Patria preciado blasón
y en sus labios cobró vida
el hermoso lenguaje español.
¡Viva León!
Tierra hidalga,
tierra mía:
estrofas del romancero,
desde Guzmán a don Suero,
va tremolando el honor.
¡Viva León!
Con su sangre a torrentes vertida
dio a la Patria preciado blasón
y en sus labios cobró
vida el hermoso lenguaje español.
¡Viva León!
De piedra una plegaria
la catedral semeja,
sobria y gentil refleja
el alma de León.
De historia milenaria,
de santidad osario,
del arte relicario
y de la fe expresión.
Tierra hidalga, tierra mía:
estrofas del romancero,
desde Guzmán a don Suero,
va tremolando el honor.
¡Es León!
Con su sangre a torrentes
vertida dio a la Patria
preciado blasón
y en sus labios cobró vida
el hermoso lenguaje español.
¡Viva León!
Gloria a ti,
pueblo sin par;
a mi labio el corazón
se asoma para gritar:
¡Viva León! ¡Viva León!
Y dado este afán por los himnos, Los Pinto podrán hacer uno, con música de los fados portugueses combinada con música sefardí, de los judíos que se fueron de España y mantienen su antiguo idioma. Ya hay quien anda detrás de ello. Una letra que fue canción del Castillo del Aire: «Mi casa son altas cumbres, / el viento es mi bandera, / allá donde va el viento, / allá va mi alma / que cabalga en el viento…(Estribillo: «Los Pinto, somos los Pinto, ¡somos los Pinto!«)
El mes de octubre del año 2022 el ayuntamiento invitó a los nietos de José Pinto Maestro a una ruta por el cementerio, en la que se visitan sepulturas de personajes ilustres. Uno de ellos quien escribió la letra del himno de León, que fue recitado por una actriz que representaba a la reina doña Urraca y fue acompañada por el público asistente.





El mes de mayo de 2023 sale una referencia sobre él en La Nueva Crónica de León.
