César: (León, 1913 – 1938) Maestro. De ideas progresistas y defensor de la república, vio ejecutar a una monja en la calle, según contó la tía Lola, y entonces se alistó en la Legión donde llegó a ser teniente. En el Boletín Oficial del Estado (BOE), 24 – I – 1937, aparece su nombramiento de Alférez provisional tras haber realizado un cursillo en la Escuela Militar.

con su padre, el maestro de la escuela,
por eso es el único
que lleva corbata. San Andrés – León.


Como maestro escribió en la prensa reivindicando mejoras para los docentes. Impartió clases como maestro de primera enseñanza en Villacil, del municipio de Valdefresno – León. En el Boletín Oficial de la provincia de León, 10 de abril de 1937 aparece empadronado en Villacil. Le reclaman para entregar documentación que le interesa, sin encontrar su paradero. Estaba en el frente. En junio de 1935 escribió una tribuna criticando que el gobierno rechazara incrementar 25 millones de pesetas para el Ministerio de Instrucción, hoy de Educación y Ciencia, mientras que incrementó 2.500 millones de pesetas para el Ministerio de Guerra, hoy de Defensa. En otro escrito de prensa termina diciendo: «Todo es triste en la escuela, desde los maestros hasta la mirada de los niños«.


En el periódico «La Mañana» escribió desde Villacil, 1935, «¿Ellos son culpables?». Critica a Marcelino Domingo, del Ministerio de Instrucción Publica, por inducir al odio, cuando advierte que pasada la guerra deberán ser compañeros. En junio del mismo año otra tribuna abierta: «Alégrate maestro». En agosto de 1931 escribe desde Villacil – León, un artículo que posteriormente publicara en un periódico: «Estallará la guerra», en el que concluye que nos veremos en ella a nivel de toda Europa, porque se pierde la razón al no usar argumentos sino alardear cada país de su fuerza militar. Critica, por un lado, la intransigencia socialista. Por otro que la Sociedad de Naciones y países como Italia, Inglaterra y Francia «no han querido ver su política como una política de guerra». Sucedería un año después de su muerte.

El año 1932 escribe a sus hermanas interesándose por su salud, un tanto guasón. Pregunta por su hermano Julián, que milita en el frente de izquierdas.



Con el amigo que hace referencia en la carta, que estudia para ser practicante.
Y el otro un «palomino», con el que practica, que es del pueblo de Vicente,
se supone que de su hermano Vicente Pinto.
También dejó escrito un texto sobre María Antonieta, de quien concluye que vivió como reina y murió como mujer. Aparte de los poemas publicados en el libro que dejó manuscrito, encontramos otros en una carpeta localizada en los cajones de la tía Lola. Más personales. Uno dedicado a Elvira Pérez Carrión: «Son tus ojos… arrancados de una imagen celestial para ti.
En otro poema se refiere a la misma mujer, «El corazón»:
«Sigue eso de las redes de su encanto…
cuando toda ilusión está perdida
algo embellece nuestras horas
el sutil colorido del pasado...».

Otro es inspirado en Mª. Cruz, cuyo título es «Equivocación». Versa sobre como su corazón y alma le llevaron a una aventura más cerca de ella: «Tras el velo de una mujer divina / oculta un alma en ruina / con instinto de pantera, de cuerpo deshonro…». El fondo de esta historia la narra en un cuento, escrito a mano, que dedica a Josefina Garespe. Se titula «Lo que no se olvida». Es la historia de Mª. Cruz y Manuel, los dos protagonistas. Después de no verse durante cinco años, se vuelven a encontrar. Están desfigurados. Ella goza de una alta posición social. Él es joven, loco e inexperto. Estudiaba la carrera de Derecho cuando fueron novios, pero le llamaron a filas con el destino de África. Al volver ve a quien él creía que siguió siendo su novia, del brazo de otro hombre, un «calavera». No quiso saber más, «sufrió el error de su vida». Tiempo después vuelven a hablar. Ella le echa en cara que la condenó, «triste de mí, como una mujer peligrosa». Él le pregunta «¿Eres feliz», a lo que ella contesta «¿Acaso lo eres tú?» «¿Yo?», responde Manuel. Han pasado los años, pero para él «todas las edades tienen su belleza«. Él se ha de volver a ir, pero pasean por donde lo hicieron juntos antaño. Los dos se van de viaje, de luna de miel, la que no hicieron, sin decir nada a nadie. «¿Qué dirá tu papá?», pregunta él. «Nada, y menos si sabe que soy feliz», responde Mª. Cruz.


Con inquietudes intelectuales escribió poesías que guardó en un tubo metálico. Cuando se tiró el tendejón de la la casa de Puertamonedas, nº 7, donde se guardaban cachivaches y recuerdos «olvidados», al morir la tía Polo, los encontré. Antes hubiera sido imposible, porque estaban maletas y muebles estropeados en montones desordenados. Fue una sorpresa encontrarlos, escritos a máquina de escribir, desde 1931 a 1935. «Manojo de poesías» (1996) es el título que él puso.


Versos románticos escritos con pulcritud poética, con un ritmo que trasmite el sentimiento que expresa, de un amor y enamoramiento distante, que se le escapa… Uno de ellos está dedicado a Maribel, «conocida con el nombre de Agarena«. Con el consentimiento de la tía Lola, hicimos un libro que se repartió para cada miembro de la familia, sus sobrinos y sobrinos nietos. También se llevó a algunas bibliotecas. Una de ellas la Publica de León. Se han leído poemas suyos en el Ágora de la Poesía (2013 – 2020)


Sus escritos e historia parecen seguir a la par las letras del himno de la Legión: «Nadie en el tercio sabía / quien era aquel legionario / tan audaz y temerario / que a la Legión se alistó. / Nadie sabía su historia / más la Legión presumía / que un gran dolor le mordía / como lobo el corazón«… «Cuando al fin le recogieron / sobre su pecho encontraron / una carta y un retrato / de una divina mujer«. Tal cual.
Durante la guerra los soldados nacionales recibían cartas de «madrinas», que no conocían, pero les daban ánimo. Según la tía Lola, después de la contienda salió alguna boda. Ella conoció de un matrimonio que fue así.

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Carta que reciben los soldados que están en el frente con los nacionales, de «madrinas» de guerra. Mujeres que escribían a los soldados para darles ánimo. Divulgado por el Diario de Navarra, diciembre de 1936. Firma Conchita Esparza y de parte también de una amiga suya, Margarita Sarole. Escriben a César, que «les ha tocado.»
Remite desde la avenida de Zaragoza, 1 – 1º Pamplona.
El año 2025 este piso es de un despacho de abogados.
Otra de Margarita en febrero de 1937


Le pregunta que cómo es, físicamente. Alaba que sea alférez. Le gustaría verle sin que él lo supiera y cómo da las las órdenes a los soldados. También si va al frente
o es un enchufado. Ella escribe desde Pamplona. Él estaba en Zamora.
Otras cartas que tienen un valor documental histórico de cuando la guerra.




Desde la Cuesta de las Perdices, Madrid, Aravaca. Carta a sus padres. Muestra su alegría de haber recibido carta de ellos. Va a cobrar y pide que compren algo a su madre, Dolores Maestro. Dice estar cerca de Madrid, con vistas muy hermosas. Pregunta por su hermana Lola, la pequeña y pregunta que cómo le va con su labor de magisterio. Él piensa que cuando vuelva no va a saber ni escribir, pero todo es comenzar de nuevo.
También pregunta por su hermano Ramiro, comunista, y por su germana Polo,
enfermera del frente Nacional.

Carta a César en la que le comunican, septiembre de 1937, que le van a pagar un dinero que tenía pendiente, va a suceder a un compañero en el mando de una compañía.
Le comunican el accidente automovilístico de un tal Diodoro. Parece ser que está haciendo un curso. Le escriben de Perdiguera, pueblo de Zaragoza, estando él en Toledo.
Una persona apacible. Mi padre contaba que dormían en la misma habitación. Cuando llegaba por la noche de alguna fiesta al pequeño -mi padre- se le antojaba hacer pis y quería que lo acompañase, con lo cual el padre de César y el abuelo de Ramirín se enteraba de que había estado de fiesta hasta demasiado tarde. Hasta que un día César le cogió por los pies y le asomó a le ventana. Luego mi padre se reía, «era una planta baja».

Se la quitó a un soldado, decían que ruso, de las brigadas internacionales.
La utilicé de abrecartas, cuando éstas se enviaban
en sobres como forma de comunicación. .
Por las cartas que escribió a sus padres durante la guerra sabemos que estuvo en la Cuesta de las Perdices – Madrid. En Riaño – León y alrededores, haciéndose cargo de un grupo de falangistas. Incluso en un pelotón de fusilamiento en San Glorio. En una de las primeras cartas cuenta a su padre que la guerra es cuestión de un par de meses, que en cuanto Franco diga que al ataque. todos unidos lo harán y se acaba todo. Le comenta que diga a su nieto Ramirín (mi padre) que no le podrá llevar un moro, «pero sí un legionario con patillas a lo Diego Montel». Cuenta que se ha encontrado con el teniente González, un amigo de su hermano mayor, Pepe.
En el frente escribe unos versos:
«Una noche de paz en el alma
una noche de calma en la guerra«.



Telegrama que envía César a su padre desde Burgos para pedir dinero, después de haber aprobado algún curso, se supone que del ejército por el que ascendería de graduación.
La calle Sierra Pambley, antes llamada calle Bayón,
es donde estaba la central de Correos, cerca de la catedral.
Una ráfaga de balas durante el paso del Ebro acabó con su vida el 22 de marzo de 1938, en el frente del meandro de Quinto, en Zara – Zaragoza. Muerte muy sentida en la familia y narrada en el diario del capellán de la compañía. Loada por otro capellán, el de la 4ª bandera, el reverendo padre Elías Alduan, en la iglesia de san Marcos el mes de abril del mismo año. Tenían la misión de construir un puente, en medio de un tiroteo.


En una misa, que recogen los periódicos de la época, dedicada al Cuarto escuadrón de depósito de Caballos Sementales, en León, el capellán le citó: » La muerte de César Pinto Maestro ocurrió cuando ante la casa de los catalanes, y agarrado en la alambrada o parapeto fue herido en el pecho por una ráfaga de ametralladora, y al continuar avanzando sostenido por el heroico asistente Carreras, otra ráfaga les hirió a los dos en el vientre, a consecuencia de cuyas heridas ambos murieron«.

Lo que comunican a su hermano Vicente.
Enviaron el anillo que llevaba puesto, que guardó en un pequeño cofre. Luego lo llevó siempre puesto su hermana Lola. Al morir pasó a manos de su sobrino nieto César Pinto Cañón, que lleve el nombre en recuerdo y honor de él.

Fue enterrado en el Valle de los Caídos, donde aún está. La tía Lola y algunos sobrinos suyos fuimos a ver el lugar en el que se encuentra en varias ocasiones. En la actualidad su referencia es: Nº de Registro: 1155 / 2009.

La tierra le sea leve. Vivió la tragedia de una guerra civil también en su familia. Su hermano Julián fue fusilado perteneciendo al otro bando.

