La tía Polo. (León, 14 – II – 1908 / 7 – III – 1996) Bautizada en la iglesia del Mercado. Siempre pensamos que se llamó “Polonia” y cuando murió no encontrábamos sus papeles oficiales hasta que, gracias a una funcionaria del Registro Civil, vimos que su nombre es Apolonia.

Según la tía Lola fue la niña mimada, porque fue niña después de siete varones en la familia. Además nació con problemas en los ojos, y todo fueron atenciones para ella. La tía Lola se quejaba de que todos los palos iban a ella, a la que le gustaba jugar con los chicos y salir a la calle. Y decía «Polo ¡era tan buena!»

Polo tuvo un novio que fue Guardia Civil, lo que provocó un rechazo de parte de varios hermanos: Ramiro, Carlos y Julián, que «la hicieron sufrir mucho». También la tía Lola decía que Vicente, «aunque fuera de esos rojos», respetó siembre este «medio noviazgo». Cuando salía a pasear con él tuvo que ir su hermana Lola, siete años más pequeña, de «carabina». Participó en la Guerra Civil este chico. Polo le escribía y a más soldados (anónimos), con cartas de ánimo y patriotismo. Según la tía Lola, en una comarca en la que estuvo la Benémerita muchas chicas quedaron embarazas, así que el comandante ordenó a cada uno que se debía de casar, incluso aunque no fuera hijo suyo, «¡por el honor de la Guardia Civil y por España». Le pregunté una vez que qué le pareció a ella tal decisión, a lo que respondió «no sé, no sé; se exageraron mucho las cosas, fueron otros tiempos; hoy no se entendería». Incluso decía que el pecado «ese», es el menos pecado si es discreto.

Polo en el balcón de la calle Herreros. La primera a la derecha.
Su padre con las barbas y gafas y al otro lado su hermana Dolores.
Con una señora y un niño amigos de la familia.

Polo con su padre en la casa de San Andrés – León.
Como consecuencia de aquello Polo se entristeció mucho. Según Lola es lo que provocó en su hermana una trombosis o apoplejía que le dejó paralizado el brazo durante el resto de su vida. Asistí a la muerte de ella en el Hospital, impresionándome ver como el brazo inmóvil se estiraba lentamente después de que lanzara el «suspiro del ángel».




Carnet de auxiliar de enfermería durante la guerra civil en España.
Fue enfermera militar de la Cruz Roja durante la Guerra Civil. Tenía mucho aplomo. Ejerció en el Hospital del Ejército, en León, desde julio de 1936 hasta abril de 1939, en el servicio quirúrgico y de botiquín trabajando de manera voluntaria y gratuita. Recibió la distinción suprema. La medalla de campaña de la Asamblea de la Cruz Roja en octubre de 1939. Por haber participado con empeño: «En la campaña del invicto ejército. Dios que salvó España guarde a V. muchos años«.



De ideas muy conservadoras. Dijeran lo que dijeran los socialistas, cuando la transición, mentían. Ella siempre proclamó que les vencieron. No entendía que quisieran gobernar España.

Cuando de pequeños veníamos a León íbamos casi siempre a buscarla a la iglesia del Mercado, donde solía estar. Era cuando las velas eran de cera y aquel lugar lúgubre olía a humo. Las paredes ennegrecidas. Vivió en la c/ Puertamoneda, 7.

Otra cosa de cuando fuimos pequeños es que, durante treinta años, siempre que la despedíamos lloraba, mientras que decía que era la última vez que la veríamos, que estaba muy delicada de salud. Mis hermanos y yo, de más mayores, le tomábamos el pelo diciéndola que que pena, «que no se fuera al extranjero para poderla volver a verla». Ella se reía, porque era muy risueña. Le aplicamos el refrán de «niña enferma niña eterna». Me llamó la atención que con más de ochenta años cobrara la pensión de orfandad. Le llamaba «pobre huerfanita«, y ella ayeaba y se reía, «si no ¡qué sería de mí!, ¡gracias a Franco!»


Cuando, ya mayor, se fracturó la cadera, estuvo en una residencia, pues necesitó una silla de ruedas para trasladarse. Le encantaba que la llevara de paseo en ella y recorrer su querido León. Y comer algún pastel, que tuvo prohibido por cuestiones de salud, «¡que sabrán los médicos!» Como la tía Lola que siempre decía que mi padre (médico) le dejaba beber vino y un vasito, y otro. Polo fue una mujer de mucho temperamento.

Pensaba que los alemanes lucharon contra los comunistas, igual que Franco, pero que Hitler, al que admiró, se excedió. tenía que haber sido más piadoso. Tenía que haber sido más compasivo, como ella aseguraba que lo fue Franco. Cuando la democracia insultaba a los socialistas cuando los veía por la tele, les llamaba «rencorosos» y les recordaba que fueron vencidos. Cada caso de corrupción de los gobernantes del psoe lo celebraba y decía «lo ves, lo ves». Si la corrupción afectaba a los más cercanos, a los suyos de la derecha, decía que eran unos imberbes, lo achacaba a que «siempre hay alguna oveja descarriada». Y cuando se metían los «rojos» con la religión católica, repetía igual que su hermana Lola: «La iglesia siempre ha sido perseguida, pero nunca vencida». Y añadían ambas: «¿Qué sabrán ellos?»


Cuando pasaba sus últimos días en el hospital, al ir a verla una señora que le atendió y que a ella no le gustó, por lo cual la echó antes de ir a la residencia. Pues estando en la cama, moribunda, inconsciente movía la pierna como si quisiera darle una patada. En su esquela pusimos «genio y figura hasta la sepultura».




y yo (Ramiro) en brazos de mi mami.


El obispo aclaró «y romana, ¡y romana!».
Algo que nunca se le olvidaría al marido de Lola.
Una curiosidad sobre la salud. Muchas veces que iba a visitarla me ofrecía un caldo que hacía de verduras. Y alguna vez la veía comiendo rodajas de limón que mojaba en aceite con ajo machacado. Decía «hay que cuidarse.» Muchos años después leí de un médico naturista una receta contra el reuma y los procesos inflamatorios que es mezclar trozos de limón con la monda, aceite, ajo y canela. Dejar que macere unos minutos y luego echar un poco de agua y batirlo. Lo tomo una vez a la semana y se lo he recomendado a mis hijos, por eso de más vale prevenir que curar. Lo que son las coincidencias al cabo del tiempo.


Omar en brazos, Rayo mirando en el carrito a su hermanita Daira (1994) Y pendiente de que no se enfade Rayo (1990)
Un año antes de morir estuvo enferma en la cama. Cuando me iba a despedir de ella, a darle las buenas noches, decía que podía ser la última vez. Yo le daba el «parte de guerra» diciendo que los socialistas se hundían en su corrupción y que los españoles les querían echar. «Lo ves, lo ves. Gracias a Dios; puedo morir tranquila.» Y a continuación sacaba el brazo bueno y con él estirado cantaba el «Cara al Sol». Yo la miraba y tarareaba aquellos sones patrióticos para que ella estuviera en paz. Luego me iba a las reuniones de los ecologistas o con los amigos.


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