Hay un secreto que nos contó la tía Lola, de manera confidencial. Tuvo miedo de que al desvelarlo hubiese algún tipo de represalia o venganza, tanto de un lado o de otro del espectro político. Pero ha llegado el momento de compartirlo, primero porque ya no supone un peligro inminente, debido a que a las futuras generaciones ya no les importa y ¿a quién hacer portador de este secreto? Se lo cuento a mis hijos y les da lo mismo, ni caso, el típico ¿y qué? Así es que ¡acá va! Y también porque creo que permite replantearnos la Historia, la general, que quizá haya habido hechos que se tengan que entender de otra manera, pues repitiendo una versión se convierte en la verdad, sin que a lo mejor lo sea. Es una historia que puede ser verídica o no, o en parte, pero tiene su aquél. Coletilla ésta muy de la tía Lola.
Decir también que lo he contado públicamente, sin tanto detalle, pero sí indicarlo de manera clara y concisa, como hablamos los Pinto, sin recovecos, por eso no somos buenos diplomáticos y necesitemos el consejo de la tía Lola: «Hay que estudiar tíología», la ciencia del paisanaje, de los tíos… Y de paso algo de «cucología», pues no conviene decir siempre las cosas tal y cómo son. Pero en este caso quede narrado a nuestro estilo Pinto. La revista en la que sale como primicia es «EL PREGÓN de la Semana Santa leonesa» nª 5, año 2019. En un semblante sobre José Pinto Maestro, amante de las procesiones de León. Aquí ofreceremos más detalles.

José Pinto Maestro ha sido en los cuatro siglos de historia de la cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno el único papón que fue abad tres años seguidos, 1931, 1932 y 1933, unas fechas difíciles en las que nadie lo quiso ser debido al clima de inseguridad y violencia para el tema religioso durante la II República. El año 1941 lo fue de la cofradía de Angustias y Soledad. Sobre esto hablaremos más cuando nos refiramos a este pariente.
«Papón» es una palabra muy de León, es como se llama a los hermanos cofrades que acompañan y que llevan los pasos en las procesiones con el hábito negro y el capillo puesto sobre la cabeza, también negro, en las dos cofradías aludidas anteriormente. Según la tradición de los Pinto significa «ir a oscuras», pues en la Cabrera, contaba la tía Lola, hay una expresión que es «ir a papón«, cuando se anda por algún lugar sin luz, que se va a tiento, tanteando el lugar con las manos, a palpo (de palpar.)
Las procesiones fueron prohibidas aquellos años de la II República. Se celebraron dentro de las iglesias o en su entorno inmediato, exponiendo las imágenes, pero ocultándolas durante la noche para que no fueran destruidas. Sobre todo el año 1932 se celebraron a puerta cerrada, de manera simbólica, bailando el paso, con la música muy piano y rezando. Hubo un antecedente sobre prohibir las procesiones con la Real Cédula del 20 de febrero de 1777, mediante la cual Carlos III alegó que no son edificantes ni verdaderamente algo devocionario.
José Pinto no aceptó esta condición, no ya como algo religioso, sino como una tradición de la ciudad de León que se veía conculcada. Y la procesión del Viernes Santo salió durante esos tres años en que fue abad, siendo el único lugar de España donde sucedió algo así. ¿Por qué?, ¿qué lo hizo posible? La respuesta está en el secreto familiar que desvelo, pues ya es un asunto superado y cuando se lo cuento a mis hijos confidencialmente ponen gesto de “¡a mí qué me importa!” Desvelo así uno de los misterios más grandes de esta ciudad, León, que siendo niños cuando nos lo contó la tía Lola nos hizo temblar a mis hermanos, primos y a mí. Ella se lo oyó contar a su hermano mayor, José Pinto Maestro, y yo se lo he oído contar a ella y corroborado por mi tía Polo, la octava hermana. Cuando lo contaban ayeaban.

Buenaventura Durruti se alojó alguna vez que fue a Francia en casa de Carlos Pinto Maestro, hermano de José. El famoso anarquista nació y pasó su infancia en el barrio de Santa Ana, colindante al del Mercado, del que fueron los Pinto, de la calle Puertamoneda. Bautizados todos los hermanos en su parroquia, la iglesia del Mercado. Excepto José que lo fue en la iglesia de Santa marina. Las madres de ambas familias, la de los Pinto y la de los Durruti, fueron muy beatas. José le dijo a Buenaventura, al que describió diciendo: “es muy noble, pero brutote”, que era una pena que sus madres se quedaran sin ver algo que para ellas era una devoción y que habían visto procesionar a las imágenes desde que son pequeñas. Alegó que para quienes tienen fe es algo muy importante. Durruti regaló a Polonia Pinto, otra hermana de José, un pañuelo de la CNT. Luego Polo se haría falangista, trabajando de enfermera durante la guerra, como ya veremos, pero guardó aquel recuerdo en un baúl como oro en paño.
Buenaventura Durruti prometió a José Pinto que saldrían, que no se preocupara, pues entendió que es una manifestación del pueblo, aunque él no fuera creyente, pero hizo de monaguillo de la iglesia de Santa Ana cuando fue niño. Mandó a dos compañeros (“pistoleros” les llamaba la tía Lola, quizá para dar más emoción y porque aseguró que iban con una pistola debajo del hábito, por si acaso) que fueron vestidos de papones. Se había llegado a un acuerdo con la autoridad, el gobernador civil, sin contar a nadie qué garantizaba que no hubiera problemas. La autoridad pertinente dijo que a la mínima algarada se retiraba la procesión. Estos anarquistas escondían una pistola debajo de los hábitos, y al más mínimo intento de alboroto la movían y hacían señales de que estaban allí, que “quietos”. Cierto o no, fue el único lugar de España en la que salieron las procesiones recorriendo las calles de la ciudad.
Aunque no venga a cuento, decir que hay comentarios familiares que reflejan una época, una mentalidad y que son los rincones de «lo conocido», desde la cotidianidad. La tía Lola comentó alguna vez que un hermano suyo que conoció a Durruti y a su compañera (dicha la palabra «compañera» con desdén) dijo que ésta era «brusca y desmangada». Pudo ser Carlos que vivió en en el sur de Francia o Cristiano Pinto Maestro que vivió en París.
El año 1999 en la revista “Transeúntes”, don Ramiro Ramos, que ostentó el cargo de abad del Dulce Nombre el año 1946 declara: “Inolvidable José Pinto, cultísimo y temperamental, gran leonés del barrio del Mercado; Su ley de oro es que mataba por las cofradías”. Y cuenta que al salir el año 1931 la procesión del Dulce Nombre, le dijeron que a ver si era tan cojonudo y sacaba también a Minerva y Vera Cruz. Por mimetismo sus responsables la sacaron sin que tocase salir y sin “protección”, lo que provocó una reyerta, con graves incidentes al ponerse a cantar un grupo cerca de la plaza de Santo Domingo con letras ofensivas a la religión, «de tal manera que hubo que sacar las horquetas». Un tal señor Espinosa resultó con una costilla rota y se acabó la procesión de la tarde. ¿Por qué no pasó nada por la mañana? Fue un misterio.
Puede parecer algo extraño, o incoherente, pero hay que verlo con ojos de aquella época y del sentido práctico del anarquismo, como por ejemplo, según Carlos Taibo (2019), cuando la II República en Zaragoza, Catalunya y otros lugares de la geografía española, los anarquista de la CNT lograron hacerse con diversas empresas para trabajar en un modelo de cooperativismo, algunas se dedicaron a hacer imágenes religiosas para monasterios e iglesias, labor que continuaron haciendo y reponiendo figuras de santos y de la Virgen en las iglesias. Les dijeron que es que si las destruían para tener más trabajo, y siempre negaron que se dedicasen a romper imágenes religiosas y que ellos son trabajadores que cubren los pedidos que se les hace.
También los anarquistas convocaron una huelga para reivindicar las fiestas religiosas que se hubieron suprimido en la II República, porque entendían que si hicieron una revolución no podían trabajar más días que en el modelo anterior. Para tener el apoyo de una mayoría del pueblo lo plantearon de esta manera. Es una paradoja sobre la que no se ha reflexionado.

Esto debería llevar a una revisión de la Historia, pues la quema de conventos e iglesias y el asesinato de curas no fue una cuestión ideológica per se. Hasta el punto de que para muchas personas ateas y anticlericales, en aquellos tiempos, tales atentados fueron realizados, según interpretaron, por los falangistas con el fin de que les sirviera de excusa para atacarlos. Lo cual no está demostrado fuera así. Muchos anarquistas y comunistas llamaron “monumentos” a las iglesias y templos religiosos, como atestiguan cartas escritas por Julián Pinto, el primero fusilado al comienzo del golpe de Estado del general Franco, y hermano de José, que no entendían qué estaba sucediendo en este sentido de la quema de conventos. No hubo órdenes que así lo exigieran. La hipótesis que planteo a los ojos de la actualidad es que hubo un odio visceral a consecuencia de abusos de una parte del clero a niños y a mujeres, pues se ha visto que es un problema de siglos, como a reconocido el Papa Francisco al destapar este asunto en el seno de la iglesia católica. En la actualidad se encamina con juicios y denuncias públicas. Por aquel entonces la vía de escape fue la violencia como venganza, como enloquecimiento de personas afectadas que no pudieron contárselo a nadie ni denunciarlo, pues fue un tema tabú, del que no se ha hablado sino recientemente, y que nadie creía seriamente, sino que si se entendía a modo de «calumnias», «inventos de los enemigos de la iglesia» y demás. En aquella época fueron todavía más abundantes este tipo de hechos. Es algo que deberá ser estudiado, para entender las contradicciones y prestar la debida a las motivaciones para entender la Historia, con todo lo que ello supuso y la interpretación que aún se hace.
Esto último que cuento es el contexto que puede explicar lo que nos contaron los mayores de la familia. Fuera verídico o no, sí es algo que se contó y así lo narro porque forma parte de la historia, o historietas, de los Pinto.

Y una curiosidad, sin ser demasiado secreta, pero sí que forma parte de algo de lo que se ha hablado mucho, como es el secreto de Fátima, que la tía Lola decía que era que Rusia se convertiría al catolicismo. Estaba segura que esta profecía se iba a cumplir. Ella participó en grupos de oración para que esto se realizara. Justo el año que ella murió una delegación del ejército ruso tocó con una banda de música propia en las procesiones de León, saliendo detrás de alguno de los pasos.
