Ésta es una historia que nos une a personas que no nos conocemos, y a otras que sí, por el hecho de ser familia directa, relacionados por algo que tenemos en común: El apellido Pinto. El cual también nos vincula con nuestros antepasados.
Se plantea un conocimiento de cuestiones curiosas e históricas para el futuro, para las generaciones venideras. Es una historia genealógica, es decir, no es un «árbol» con nombres, apellidos y fechas de los familiares en sus diversas ramificaciones, sino que se cuentan algunos hechos significativos en la vida de los Pinto de esta nuestra rama familiar, profesión, aficiones, actividades, de su prole y entronques con otras ramas familiares a través de sus parejas, pues los hijos siguen siendo portadores del apellido. También aparecen rasgos y anécdotas, para que además de un mapa familiar sea una referencia y un recuerdo vivo. Frases que nuestros antepasados repetían, refranes. Al fin y al cabo los apellidos son el equivalente a los genes, pero en lo intangible, en lo que es inmaterial, y forma parte de nuestra historia personal y de familia y, de alguna manera, influye en ser lo que somos.
Puede ser una curiosidad, pero también formar parte del devenir de la Historia de una época y un lugar determinado, al ser sus átomos y podremos ver su valor, porque desde dentro de la sociedad hay cuestiones que únicamente se viven en lo cotidiano. Y porque nuestro pasado nos pertenece, y formamos parte de un futuro. Por eso rescatar del olvido y de la indiferencia la historia familiar a través del apellido es el derecho a ser a lo largo del tiempo y no que sea un privilegio de la nobleza y reyes que guardan su historia y títulos nobiliarios como un tesoro. Las familias corrientes, el pueblo tenemos nuestra historia y el apellido es parte de ella.
Un segundo de la vida de una persona sólo puede ser escrito con un millón de palabras. Porque en un instante se reúnen emociones, pensamientos, la confluencia de muchas experiencias y demás. Por esto la historia que presentamos señala una miaja de nuestros ancestros, para el recuerdo. Sin más pretensiones. Una curiosidad. También nosotros seremos pasado. «Sobre antaño se hace lo hogaño», dicen.
Hay una manera de ser que se puede ver en quienes nos han antecedido. El apellido es una huella de los genes en el tiempo y hay un parecido en las diferentes ramas familiares, un parecido circunstancial, pero también físico, eso que se llama «el aire de la cara». No son los rostros iguales, pero visto desde fuera, por alguien que no está acostumbrado a los familiares perciben un algo, un gesto, una expresión. Pero no siempre, pues hay muchas historias entremedias. Lo importante es la curiosidad de seguir el rastro del apellido.

La tía Lola contó muchas cosas. A lo largo del blog se verá quien fue ella y su relación con cada uno de nosotros. A veces hay varias versiones de lo que contaba. Saberlo no está de más.
El centro de la historia familiar la he puesto en los Pinto Maestro, en la generación que nació en los años veinte y treinta del s. XX, poco antes y después de la guerra civil española. Y las ramas posteriores. A cada una le corresponde una página, que luego él podrá desarrollar o en otro blog, o enviándome los datos la coloco en la suya correspondiente. Y esto irá creciendo con los años, ya que es una cadena de abuelos, hijos, nietos, etc… haced aclaraciones, aportar datos, fotos y demás cuando os parezca oportuno.
Contacto y envíos:
correo@ramiropinto.es
Y también, como no todos los miembros de la familia Pinto en relación a León y sus ramificaciones quieren salir de la misma manera, hay 4 opciones que se han de comunicar, para que cada cual se sienta a gusto:
1.- Dejarlo como está y ampliarlo a lo largo del tiempo. Y que la página se vea públicamente.
2.- Añadir contenidos, fotos o quitar algo de lo escrito o imágenes, o cambiarlas por otras. Y que sea público.
3.- Dejarlo como está, quitar o añadir, pero que se vea de manera restringida. Es decir con una clave, de manera que únicamente lo podrá ver quienes quieran los protagonistas.
4.- Eliminar todo, que no se vea ni pública ni de manera restringida.
Sea cual sea la opción, por favor comunicadlo. Gracias.

Las entradas del blog quedan abiertas, enviando los datos, para noticias que en un futuro queramos poner: de sociedad, deportivas, académicas y familiares que sean relevantes. Las mandáis al correo-E y se incorporan: Nuevos estudios, el nacimiento o muerte de un miembro de la familia, una gesta deportiva, un descubrimiento o aportación o actos y hechos culturales y artísticos.
La tradición oral se pierde. Y bueno es rescatar una parte de lo que hemos oído contar y hacer referencias sobre el contexto social en el que sucede todo ello.
Por ejemplo la tía Lola repetía que los Pinto estamos «copados», o sea que nuestras parejas nos llevaban por donde quieren. «Por ser buenos, demasiado buenos», añadía. A lo que ella dejaba caer como quien no quiere la cosa, no sin cierta retranca, «bueno y bobo empiezan por la misma letra». Contaba que a mi abuelo Ramiro no le gustaban las lentejas. Cuando se iban a casar con Marucha, ésta dijo «ya las comerá». Y así fue, estofadas.
O que los Pinto «mucho don y poco din» y frotaba mientras que lo decía el dedo pulgar contra el índice. También que su abuelo supo de una herencia en Génova, un palacio, pero que al llegar al puerto en Barcelona para coger un barco e ir a arreglar los papeles vio el mar tan enorme que se dio la vuelta.
Algunas cuestiones forman parte de las leyendas familiares, que pueden ser ciertas o no, pero sí son una realidad, al menos, psicológica. O por ejemplo lo que mis hijos y sobrinos llaman «chistes Pinto«, que son observaciones, pijaditas, ocurrencias que tienen su gracia, mucha para quien la cuenta y poca para quien lo escucha, pero que se ríe un poco. Son chistes improvisados y espontáneos que a muchos Pinto les sale contarlos.
La dinámica ha sido, es y será como sigue, si os parece. He recogido parte de las historias de las familias y fotos. Pero podrá ampliarse y cambiar si alguien lo considera.
Recuerdo que mi padre decía «¡eres un Pinto!», como timbre de honor moral y de honestidad. Luego podíamos hacer caso o no, pero «un Pinto es un Pinto» y esto, querámoslo o no, crea impronta, carácter. No únicamente personal sino de familia. Lo inculcó José Pinto Maestro, el hermano mayor de otros nueve, al considerar nuestro apellido un honor heredado de nuestros antecesores, a modo de un valor de por sí familiar. Una herencia que nos hace ricos en nada, en el «don», que como satirizaba también la tía Lola: «Don sin din cagarrutas en latín».

Hoy pierde importancia formar parte de un apellido, pero este escrito recoge un reflejo de aquello que fue y queda como una huella en cada cual. Le conté a mi hijo Ramirín lo de la historia de su apellido y me contestó «y eso ¿qué quiere decir?, ¡qué más da que te apellides Pinto que de otra manera?» Me quedé cortado, ¿cómo que qué quiere decir? Le dije que es ser honrado, honesto, coherente, curioso, rebelde, cada uno a su manera. «Ah, cada cual entienda lo que quiera», me dijo con cierto desdén. «¡No!,-le respondí-, «¡es un sentimiento!» Y creo, en verdad, que lo es: Sentir colectivamente. Ante el paso de las generaciones supone una emoción sumergida en el tiempo, invisible, pero que podemos vibrar porque se percibe, de la misma manera que se sabe de las partículas subatómicas con cálculos matemáticos, o como los microorganismos se ven con con el microscopio. No se pueden saber de ellos con los ojos. También con el recuerdo y la palabra podemos ver nuestra historia, un aspecto al menos. E imaginar otra parte de ella. Incluso hasta inventarnos el resto. Al fin sentir y percibir la historia que llevamos dentro sin saberlo. Nada que ver con la heráldica, ni grandes hazañas, sino que como diría el poeta portugués Pessoa: Deja que el viento sea el viento que pasa. / Es el viento y nada más.
Así es que queda abierta esta puerta de información a quien la quiera aprovechar. Y dentro de unos años pasaré su gestión, con la contraseña del blog y demás a alguien con interés de la siguiente generación para que la continúe. Que sea Pinto, claro. De momento hay dos: Dunia Pinto Roig (Mallorca) y Elsa Pinto Prieto (León). Se puede formar un grupo de cuatro o cinco, con quien se quiera apuntar para coordinar los nuevos datos de su rama familiar e indagar en documentos del pasado y hacer el relevo a la siguiente generación.
Cierto que portamos dos apellidos, pero la línea conductora que vamos a desarrollar es la de los Pinto, con referencias a la familia materna, llegando a lo más posible de la misma. No por ser machistas, sino por ser de los Pinto que es el apellido que transita por nuestra historia familiar como denominador común.
A vuestra disposición. Y disfrutadlo. Como dirían los latinos «perpetuam memoriam nostri», para toda la vida la historia nuestra, de nuestra familia. Y sea fructífero el recuerdo, «memoria crescent».




